Un niño puede tener dificultades para explicar qué le preocupa y, sin embargo, expresar mucho de lo que siente mientras juega. En la intervención psicológica infantojuvenil, el juego permite observar conductas, explorar emociones y trabajar habilidades que resultarían difíciles de abordar únicamente mediante una conversación. Los mejores juegos terapéuticos para niños y adolescentes ofrecen recursos para intervenir sobre la regulación emocional, la autoestima, las relaciones sociales o la resolución de conflictos. Esta selección reúne diez materiales con aplicaciones diferentes, desde juegos de mesa estructurados hasta propuestas narrativas y cooperativas que pueden incorporarse al trabajo psicológico según la edad y las necesidades de cada paciente.
Juegos terapéuticos para trabajar en psicología infantil y adolescente
Los juegos terapéuticos para niños y adolescentes pueden cumplir funciones muy distintas dentro de una sesión. Algunos facilitan la identificación y expresión de emociones mediante preguntas, imágenes o situaciones cotidianas; otros permiten entrenar habilidades sociales, tolerancia a la frustración, flexibilidad cognitiva o resolución de problemas. Para esta selección interesa especialmente la finalidad de cada juego, las edades recomendadas, las posibilidades de adaptación y su utilidad dentro de una intervención psicológica estructurada. Un material atractivo puede favorecer la participación, pero su valor terapéutico depende de cómo lo utilice el profesional y de los objetivos que persiga.
1.
ME ATREVO
ME ATREVO, para expresar y manejar los miedos
miedos
ansiedad infantil
Es una elección especialmente coherente cuando el miedo ya forma parte del motivo de consulta. Su foco definido ayuda a no dispersarse, aunque el terapeuta debe adaptar el ritmo y evitar que el juego sustituya la exposición o el trabajo clínico planificado.
2.
Adiós Tristeza
Adiós Tristeza, para abordar duelo y pérdida
duelo infantil
pérdida
Puede ofrecer un marco menos frontal para hablar de ausencia, cambios y recuerdos. No conviene introducirlo solo porque haya ocurrido una pérdida: el momento del proceso, la disposición del menor y la relación terapéutica pesan más que completar el juego.
3.
Animales rabiosos
Animales rabiosos, para aprender a expresar la ira
ira
resolución de conflictos
Resulta útil para pasar del “me porto mal” a situaciones concretas y alternativas observables. Su valor está en detenerse a comparar respuestas, no en premiar mecánicamente la opción correcta ni convertir la sesión en una lección moral.
4.
El Planeta de los Psimon
El Planeta de los Psimon, para trabajar pensamientos y emociones
emociones
afrontamiento
Su formato narrativo puede atraer a menores que desconectan ante materiales demasiado escolares. Antes de usarlo conviene revisar las instrucciones y seleccionar las partes que encajan con el objetivo de esa sesión, en lugar de recorrerlo por inercia.
5.
El Bingo de las Emociones
El Bingo de las Emociones, para ampliar el vocabulario emocional
educación emocional
expresión emocional
Es fácil de comprender y permite observar qué emociones se nombran con soltura y cuáles se evitan o confunden. Funciona mejor cuando cada respuesta se conecta con ejemplos reales, sin forzar revelaciones ni corregir la vivencia del menor.
6.
CEM. Creciendo en Mindfulness
CEM. Creciendo en Mindfulness, para practicar atención plena
mindfulness
regulación emocional
mindfulness
Tiene sentido cuando el profesional quiere introducir prácticas breves sin empezar por una meditación larga. Conviene explicar el propósito de cada ejercicio y observar si centrar la atención en sensaciones internas resulta adecuado para ese menor.
7.
El Club de REI
El Club de REI, un juego para la gestión del enfado
enfado
regulación emocional
Su foco concreto facilita vincular lo que sucede en las cartas con episodios de casa o del colegio. No debería utilizarse para transmitir que enfadarse está mal, sino para distinguir emoción, impulso y conducta, y ensayar alternativas realistas.
8.
El Juego de las Pistas
El Juego de las Pistas, para comprender la comunicación social
comunicación social
habilidades sociales
Puede resultar valioso cuando cuesta inferir qué está ocurriendo en una situación social. Es preferible explorar varias interpretaciones posibles y no enseñar reglas rígidas, especialmente con menores autistas o con estilos comunicativos diversos.
9.
UNO ENTRE UN MILLÓN
UNO ENTRE UN MILLÓN, para trabajar la autoestima
autoestima
autoconcepto
La dinámica familiar reduce el esfuerzo de aprender reglas y deja espacio para conversar. Para que no se quede en elogios genéricos, merece la pena pedir ejemplos concretos, explorar qué hace creíble cada fortaleza y respetar las respuestas ambivalentes.
10.
El Juego de las Habilidades Sociales
El Juego de las Habilidades Sociales, para practicar situaciones cotidianas
habilidades sociales
comunicación
Aporta situaciones específicas sobre amistad, cooperación y expresión de necesidades, algo más útil que hablar de “ser sociable” en abstracto. El profesional debe escoger las tarjetas pertinentes y adaptar el ensayo a los contextos reales del menor.
Cómo integrar los juegos terapéuticos en una sesión de psicología
Una partida puede ofrecer información clínica que difícilmente aparecería en una entrevista convencional. La reacción de un niño cuando pierde, su manera de negociar las reglas o la dificultad para esperar un turno pueden abrir oportunidades para trabajar tolerancia a la frustración, regulación emocional y habilidades sociales. Sin embargo, estas conductas deben interpretarse dentro del contexto y no como indicadores diagnósticos aislados. El psicólogo puede aprovechar lo que ocurre durante el juego para explorar emociones, ensayar respuestas alternativas y relacionar la experiencia con situaciones de la vida cotidiana.
Con adolescentes, el principal desafío suele ser encontrar actividades que no resulten infantiles ni excesivamente dirigidas. Los juegos narrativos, cooperativos o de toma de decisiones pueden facilitar conversaciones sobre identidad, relaciones, límites y resolución de conflictos. La elección debe responder a la edad, los intereses del paciente y los objetivos terapéuticos, evitando utilizar materiales únicamente porque resultan entretenidos. Una alternativa interesante es incorporar recursos visuales como las cartas Dixit en psicoterapia, que permiten explorar experiencias personales mediante imágenes y narraciones sin imponer interpretaciones al paciente.
Antes de incorporar un juego a la consulta, merece la pena revisar sus instrucciones, posibilidades de adaptación y fundamento psicológico. Que un producto se anuncie como terapéutico no demuestra que tenga eficacia clínica por sí mismo. La intervención depende de la evaluación, el modelo de trabajo y la capacidad del profesional para integrar lo sucedido durante la actividad. Un juego puede ayudar a establecer confianza, practicar una habilidad o abordar un conflicto, pero su utilidad se aprecia cuando contribuye a los objetivos del tratamiento y no simplemente cuando el paciente disfruta de la sesión.