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Ralph W. Tyler: biografía, racional curricular y evaluación

Quién fue Ralph W. Tyler, qué fue el Estudio de los Ocho Años, cuáles son las cuatro preguntas de su racional curricular y qué críticas recibió.

Ralph W. Tyler: biografía, racional curricular y evaluación

Cualquier profesor que haya redactado una programación didáctica empezando por los objetivos, siguiendo por las actividades y terminando por la evaluación ha trabajado, lo sepa o no, con el esquema de Ralph W. Tyler. Su libro Basic Principles of Curriculum and Instruction (1949), traducido al castellano como Principios básicos del currículo, es uno de los textos pedagógicos más influyentes del siglo XX, y sus cuatro preguntas siguen estructurando planes de estudio, guías docentes universitarias y programas de formación en empresas.

Tyler, sin embargo, no fue solo el autor de un modelo curricular. Fue el director del equipo de evaluación del Estudio de los Ocho Años, el experimento educativo más ambicioso de la Norteamérica de entreguerras; el primer director del Center for Advanced Study in the Behavioral Sciences de Stanford; y el presidente del comité que diseñó la National Assessment of Educational Progress (NAEP), la gran evaluación nacional del rendimiento escolar en Estados Unidos. Por todo ello se le considera a menudo el padre de la evaluación educativa.

En este artículo repasamos su biografía, el Estudio de los Ocho Años, el llamado "racional de Tyler", su concepción de la evaluación, las críticas que recibió y su legado en la psicología educativa y la pedagogía.

Biografía de Ralph W. Tyler

Ralph Winfred Tyler nació en Chicago el 22 de abril de 1902 y creció en Nebraska. Se graduó en el Doane College a los 19 años, en 1921, y se inició como profesor de ciencias en un instituto de Pierre (Dakota del Sur). Obtuvo el máster en la Universidad de Nebraska en 1923 y el doctorado en la Universidad de Chicago en 1927, donde se formó con Charles Judd y W. W. Charters, dos figuras clave de la investigación educativa empírica de la época.

Tras un breve paso por la Universidad de Carolina del Norte, se incorporó a la Universidad Estatal de Ohio, donde trabajó en la Oficina de Investigación Educativa junto a Charters. Allí desarrolló su enfoque de los tests: en lugar de medir la memorización de datos, diseñaba pruebas para comprobar si los estudiantes eran capaces de hacer lo que el curso pretendía enseñar. Con ese enfoque ayudó a profesores universitarios de botánica, zoología o contabilidad a replantear sus exámenes.

En 1938 Robert Maynard Hutchins lo llevó a la Universidad de Chicago, donde dirigió el Departamento de Educación, fue examinador jefe de la universidad y decano de la División de Ciencias Sociales. Entre 1953 y 1967 fue el director fundador del Center for Advanced Study in the Behavioral Sciences, en Stanford. Asesoró a varios presidentes de Estados Unidos en política educativa y presidió en los años sesenta el comité del que nació la NAEP, cuya primera aplicación se realizó en 1969. Murió en San Diego (California) el 18 de febrero de 1994, a los 91 años.

El Estudio de los Ocho Años (1933-1941)

A comienzos de los años treinta, los institutos estadounidenses estaban atados a los requisitos de admisión de las universidades, que exigían haber cursado determinadas materias en un número fijo de unidades. La Progressive Education Association, influida por las ideas de John Dewey, quería comprobar si un instituto podía reformar su currículo con libertad sin perjudicar a sus alumnos en la universidad.

Así nació el Eight-Year Study. Treinta centros de secundaria recibieron libertad para experimentar con su currículo, y unas trescientas universidades aceptaron admitir a sus graduados sin los requisitos habituales. Tyler fue el director del equipo de evaluación, en el que colaboró, entre otros, Hilda Taba, que después sería una figura destacada de la teoría del currículo.

El reto técnico era enorme: ¿cómo evaluar objetivos como el pensamiento crítico, la sensibilidad social o la capacidad de interpretar datos, que no cabían en los tests tradicionales? El equipo de Tyler trabajó con los propios profesores para definir esos objetivos en términos de conducta observable y diseñar instrumentos adecuados para cada uno. Los resultados se publicaron en varios volúmenes en 1942, uno de ellos, Appraising and Recording Student Progress, firmado por Eugene R. Smith y el propio Tyler.

La conclusión general fue que los graduados de los institutos experimentales rendían en la universidad al menos tan bien como un grupo de comparación de centros tradicionales, y los de los centros que más se habían alejado del currículo convencional mostraban ventajas en varios indicadores. El estudio, sin embargo, se publicó en plena Segunda Guerra Mundial y tuvo menos repercusión inmediata de la esperada.

Principios básicos del currículo (1949)

El libro nació de los apuntes de un curso que Tyler impartía en Chicago, Education 360. Tiene poco más de cien páginas y no se presenta como una teoría cerrada, sino como una manera racional de examinar los problemas de cualquier currículo o programa de enseñanza. Su éxito fue inmediato y duradero: se reimprimió decenas de veces y se convirtió en lectura obligada en facultades de educación de todo el mundo.

Las cuatro preguntas del racional de Tyler

El núcleo del libro son cuatro preguntas que todo diseñador de un currículo debería responder:

  1. ¿Qué fines educativos debe tratar de alcanzar la escuela? (objetivos)
  2. ¿Qué experiencias educativas pueden proporcionarse que tengan probabilidades de alcanzar esos fines? (experiencias de aprendizaje)
  3. ¿Cómo pueden organizarse de manera eficaz esas experiencias? (organización)
  4. ¿Cómo podemos determinar si se están alcanzando esos fines? (evaluación)

La secuencia parece obvia hoy, precisamente porque Tyler la volvió obvia.

De dónde salen los objetivos y cómo se filtran

Una de las aportaciones más ricas del libro, y más olvidada, es cómo propone seleccionar los objetivos. Tyler identifica tres fuentes:

  • El estudio de los propios alumnos: sus necesidades, intereses y nivel de desarrollo.
  • El estudio de la vida contemporánea: qué exige la sociedad a un ciudadano, un trabajador, un miembro de una familia.
  • Las sugerencias de los especialistas en las materias: qué puede aportar cada disciplina a la formación general.

Como esas fuentes producen más objetivos de los que caben, propone dos filtros: la filosofía educativa de la escuela (qué valores defiende, qué tipo de persona quiere formar) y la psicología del aprendizaje (qué es posible aprender a cada edad, en qué orden y con qué grado de transferencia). Es aquí donde la psicología entra de lleno en el diseño curricular.

Objetivos formulados como conducta y contenido

Tyler insiste en que un objetivo debe expresar dos dimensiones: la conducta que se espera del alumno y el contenido o ámbito de la vida al que se aplica. "Comprender la democracia" es demasiado vago; "interpretar datos de gráficos sobre la población" indica qué hará el estudiante y con qué. Para organizarlo, propone una tabla de doble entrada con conductas en un eje y contenidos en el otro, antecedente directo de las tablas de especificaciones que usan hoy los diseñadores de exámenes.

Organizar las experiencias: continuidad, secuencia e integración

Para la tercera pregunta, Tyler formula tres criterios: continuidad (volver sobre los elementos importantes a lo largo del tiempo), secuencia (que cada experiencia se apoye en la anterior y la profundice) e integración (que lo aprendido en una materia se relacione con las demás).

La evaluación según Tyler

Para Tyler, evaluar es comprobar hasta qué punto se están consiguiendo realmente los objetivos educativos. Esta definición, que hoy parece evidente, supuso una ruptura con la medición educativa dominante, centrada en ordenar a los alumnos entre sí mediante tests estandarizados.

De ahí se derivan varias consecuencias prácticas:

  • La evaluación debe hacerse al menos dos veces, al principio y al final, para poder hablar de cambio.
  • No se limita a los exámenes escritos: incluye observaciones, entrevistas, cuestionarios, muestras de trabajos y registros.
  • Evalúa también el programa, no solo a los alumnos: si los objetivos no se alcanzan, hay que revisar las experiencias y su organización.

Esta visión conecta con una idea que desarrollamos en nuestro repaso de los instrumentos de evaluación educativa: cada instrumento sirve para ciertos objetivos y no para otros.

El legado más duradero de Tyler no es una lista de cuatro preguntas, sino la exigencia de coherencia: lo que se evalúa debe ser lo que se pretendía enseñar, y lo que se enseña debe justificarse por lo que se quiere conseguir.

Discípulos e influencia en la psicología educativa

Tyler dejó huella en varias generaciones de investigadores. Benjamin Bloom, que trabajó con él en la oficina de exámenes de la Universidad de Chicago, desarrolló la taxonomía de objetivos educativos (1956), que clasifica los objetivos cognitivos en niveles y es una prolongación natural del trabajo de Tyler sobre objetivos definidos en términos de conducta. Hilda Taba, su colaboradora en el Estudio de los Ocho Años, amplió su modelo en Curriculum Development: Theory and Practice (1962), con más peso en el diagnóstico de necesidades y en el papel de los docentes.

El modelo por objetivos también encajó con la psicología del aprendizaje de mediados de siglo. El conductismo aportó la exigencia de definir objetivos observables, y modelos como la teoría del aprendizaje de Robert Gagné, con su secuencia de condiciones y tipos de aprendizaje, pueden leerse como un desarrollo de la tercera pregunta de Tyler: cómo organizar las experiencias para que produzcan el resultado buscado.

Críticas al modelo de Tyler

El éxito del racional lo convirtió en blanco de muchas críticas, sobre todo a partir de los años setenta:

  • Herbert Kliebard, en su artículo "The Tyler Rationale" (1970), sostuvo que el modelo era menos neutral de lo que parecía: las "fuentes" y los "filtros" no resuelven qué objetivos elegir, solo trasladan la decisión a una filosofía que Tyler no especifica, y el esquema reproduce la lógica de eficiencia industrial de los primeros teóricos del currículo, como Franklin Bobbitt.
  • Elliot Eisner propuso los "objetivos expresivos": en el arte y en muchas experiencias valiosas no se puede prever de antemano el resultado exacto, y forzar objetivos conductuales empobrece la enseñanza.
  • Lawrence Stenhouse, en An Introduction to Curriculum Research and Development (1975), defendió un modelo de proceso frente al de objetivos: el currículo debe ser una hipótesis que el profesor investiga en el aula, no un producto que se aplica.
  • La pedagogía crítica y los reconceptualistas, como William Pinar, criticaron que el modelo técnico ocultaba las preguntas políticas de fondo: quién decide qué conocimiento vale y a quién beneficia esa decisión. Lo tratamos en nuestro artículo sobre la pedagogía crítica.

Tyler respondió en varias ocasiones que su propuesta no pretendía ser un procedimiento mecánico ni exigía objetivos atomizados, y que muchas de las críticas atacaban aplicaciones burocráticas de su libro más que el libro mismo. Una parte de la investigación reciente sobre el racional coincide en que conviene releerlo en su contexto histórico, el de un evaluador que trabajó con profesores reales en el Estudio de los Ocho Años.

Tyler en la escuela y la universidad de hoy

Aunque pocos docentes citen a Tyler, su estructura está en todas partes:

  • En las programaciones didácticas de primaria y secundaria, que parten de objetivos o competencias, detallan actividades y fijan criterios de evaluación.
  • En las guías docentes universitarias del Espacio Europeo de Educación Superior, organizadas en resultados de aprendizaje, metodología y sistema de evaluación.
  • En el alineamiento constructivo de John Biggs, que exige coherencia entre resultados previstos, actividades y evaluación.
  • En la formación corporativa, donde modelos como la evaluación en cuatro niveles de Kirkpatrick comparten la lógica de comprobar si se han conseguido los objetivos.
  • En las evaluaciones a gran escala, empezando por la propia NAEP.

Si te interesa comparar este enfoque con otras propuestas, en nuestra guía de modelos pedagógicos situamos el modelo por objetivos junto al tradicional, el constructivista y el crítico.

Conclusión

Ralph W. Tyler convirtió una pregunta sencilla (¿estamos consiguiendo lo que queríamos enseñar?) en un método para diseñar y evaluar cualquier programa educativo. Su Estudio de los Ocho Años demostró que era posible evaluar objetivos complejos como el pensamiento crítico, y su libro de 1949 dio a generaciones de docentes un esquema de cuatro preguntas que aún ordena programaciones y planes de estudio. Las críticas de Kliebard, Eisner o Stenhouse señalaron sus límites reales: el modelo no dice qué objetivos son valiosos y puede degenerar en una lista burocrática de conductas. Pero la lección central sigue vigente para cualquier psicólogo educativo o docente: antes de diseñar una actividad o un examen, hay que saber para qué sirve, y después hay que tener la honestidad de comprobar si ha servido.

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son las cuatro preguntas del racional de Tyler?

Qué fines educativos debe perseguir la escuela, qué experiencias pueden ayudar a alcanzarlos, cómo organizarlas eficazmente y cómo comprobar si se están alcanzando. Corresponden a objetivos, experiencias, organización y evaluación.

¿Qué fue el Estudio de los Ocho Años?

Fue una investigación de la Progressive Education Association entre 1933 y 1941 en la que treinta institutos reformaron su currículo y unas trescientas universidades admitieron a sus alumnos sin los requisitos habituales. Tyler dirigió el equipo de evaluación.

¿Por qué se considera a Tyler el padre de la evaluación educativa?

Porque definió la evaluación como la comprobación de hasta qué punto se alcanzan los objetivos, frente a la simple clasificación de alumnos con tests. Además presidió el comité que creó la NAEP en Estados Unidos.

¿Qué críticas recibió el modelo de Tyler?

Kliebard señaló que no resolvía qué objetivos elegir y que heredaba una lógica de eficiencia industrial; Eisner defendió los objetivos expresivos, y Stenhouse propuso un modelo de proceso. La pedagogía crítica le reprochó ocultar las cuestiones políticas del currículo.

¿Qué relación tiene Tyler con la taxonomía de Bloom?

Benjamin Bloom trabajó con Tyler en la oficina de exámenes de la Universidad de Chicago. Su taxonomía de objetivos educativos de 1956 desarrolla la idea tyleriana de formular objetivos en términos de conducta.

Fuentes

Jonathan García-Allen

Autor

Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona, cofundador de Psicología y Mente y estratega digital especializado en proyectos de salud mental.

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