En este artículo
- Qué son las funciones ejecutivas y qué conviene entrenar
- Cómo escoger una actividad que tenga sentido
- Actividades para memoria de trabajo
- Actividades para control inhibitorio
- Actividades para flexibilidad cognitiva
- Actividades para planificación y supervisión
- El movimiento también puede exigir control ejecutivo
- Cómo adaptar las propuestas por edad y contexto
- Cómo saber si la actividad está ayudando
- Límites: cuándo una actividad no basta
- Preguntas frecuentes
- Referencias y fuentes
Potenciar las funciones ejecutivas no consiste en acumular fichas ni en buscar un juego que sirva para todo. Conviene partir de una dificultad observable, elegir una tarea que exija esa habilidad y comprobar si el aprendizaje aparece después en una situación real. Si una niña recuerda mejor una serie de cartas pero sigue perdiéndose al preparar la mochila, el resultado aún es demasiado estrecho.
Las propuestas de esta guía trabajan memoria de trabajo, control inhibitorio, flexibilidad cognitiva y planificación. Se pueden usar en consulta, en el aula o en casa, siempre con una demanda ajustada y sin presentarlas como sustitutas de una evaluación o un tratamiento.
Qué son las funciones ejecutivas y qué conviene entrenar
Las funciones ejecutivas permiten mantener información activa, frenar respuestas automáticas, cambiar de criterio y organizar acciones dirigidas a una meta. En la vida diaria actúan coordinadas: cocinar siguiendo una receta exige recordar pasos, ignorar distracciones, detectar errores y reajustar el plan.
Antes de elegir una actividad, formula el objetivo en términos conductuales. «Mejorar la atención» es demasiado impreciso. En cambio, «seguir una instrucción de tres pasos con un apoyo visual» o «revisar una tarea antes de darla por terminada» permite graduar la práctica y observar cambios. Si necesitas diferenciar entrenamiento de evaluación, la guía sobre cómo elaborar un informe neuropsicológico ayuda a situar cada dato dentro de una valoración más amplia.
La evidencia pide prudencia. Un programa preescolar integrado en el currículo obtuvo mejoras en tareas de control cognitivo en el estudio de Diamond y colaboradores. Eso respalda que estas habilidades pueden practicarse, pero no demuestra que cualquier pasatiempo produzca el mismo efecto. En un ensayo con menores con TDAH, el entrenamiento computarizado mejoró algunas medidas entrenadas, mientras que la transferencia a otras funciones y a la conducta fue limitada o inespecífica, según el ensayo de Dovis y colaboradores.
Cómo escoger una actividad que tenga sentido
Una actividad útil reúne cuatro condiciones. La primera es que la persona entienda la meta. La segunda, que la dificultad permita errores sin hacer imposible la tarea. La tercera, que puedas modificar una sola variable cada vez. La cuarta, que exista un puente hacia la vida cotidiana.
Puedes usar esta secuencia:
- Define una conducta concreta que quieras facilitar.
- Identifica qué demanda ejecutiva parece relevante, sin convertirla en un diagnóstico.
- Registra un punto de partida sencillo: ayuda necesaria, errores, tiempo o pasos completados.
- Practica y aumenta la dificultad poco a poco.
- Repite la estrategia en una actividad funcional.
- Revisa si el cambio se mantiene y si reduce la ayuda externa necesaria.
No retires de golpe agendas, alarmas o listas para que la persona «se esfuerce». Los apoyos externos también son una forma válida de funcionamiento autónomo. La meta puede ser aprender a utilizar una lista, no memorizarlo todo.
Actividades para memoria de trabajo
1. Instrucciones encadenadas con propósito
Plantea dos o tres acciones relacionadas: «coge el cuaderno, marca la página y trae un lápiz». La persona repite la consigna con sus palabras, ejecuta y comprueba. Para aumentar la demanda, añade un paso; para reducirla, usa dibujos o una lista.
Con niños pequeños funciona mejor dentro de una rutina o un juego simbólico. En adolescentes y adultos, utiliza acciones reales: preparar material para una clase, una cita o una gestión. Entrena mantener y actualizar información, pero también enseña una estrategia: verbalizar, agrupar o anotar.
2. Actualizar una lista cambiante
Coloca cinco tarjetas visibles. Después de observarlas, dales la vuelta y sustituye una. La persona debe decir qué elemento ha salido y cuál ha entrado. Otra versión consiste en ordenar mentalmente los tres últimos elementos nombrados.
No aumentes a la vez cantidad, velocidad y semejanza entre estímulos. Modificar una variable permite saber por qué aparece el error y evita convertir la tarea en una prueba de tolerancia a la frustración.
3. Relato con encargos
Cuenta una historia breve en la que aparezcan dos encargos que deberán hacerse al final. Por ejemplo, cuando se mencione una estación, hay que colocar una ficha azul; al aparecer un alimento, una roja. La historia aporta contexto y obliga a conservar reglas mientras llega información nueva.
En adolescentes se puede sustituir por un audio breve con datos que deban organizar después. Si el contenido verbal dificulta la comprensión, reduce el vocabulario antes de interpretar el fallo como un problema ejecutivo.
4. Cocina o montaje con pausa de recuerdo
Selecciona una receta fría o un montaje seguro de pocos pasos. Primero se revisa la secuencia, después se oculta y la persona intenta recuperar el siguiente paso antes de consultar el apoyo. La consulta no cuenta como fracaso: enseña a detectar que falta información y buscarla.
Actividades para control inhibitorio
5. Semáforo con reglas que cambian
Asigna una acción a cada color: verde, avanzar; rojo, parar; amarillo, dar una palmada. Cuando la regla esté aprendida, intercambia dos respuestas. Se practica frenar la respuesta ya automatizada y aplicar una nueva.
Para adultos, sustituye los colores por notificaciones simuladas: responder, archivar o esperar según un criterio previamente acordado. Así se evita un formato infantil y se aproxima la tarea a interrupciones habituales.
6. Director de orquesta
Una persona marca un ritmo y el grupo solo puede imitarlo cuando aparece una señal concreta. Las falsas señales obligan a esperar. Alternar quién dirige permite observar anticipación, espera del turno y autocorrección sin convertir la actividad en una competición.
7. Respuesta opuesta
Si el facilitador dice «día», se responde «noche»; si dice «arriba», «abajo». Empieza con una pareja y ritmo lento. Después incorpora una segunda regla o cambia de criterio. Esta tarea es exigente: los errores rápidos forman parte del ejercicio y no justifican etiquetas como «impulsivo» fuera de ese contexto.
8. Pausa antes de enviar
Para adolescentes y adultos, redacta mensajes ficticios que despierten una respuesta inmediata. Se aplica una rutina breve: parar, identificar el objetivo, releer y decidir si enviar, editar o esperar. No hace falta usar conversaciones privadas reales. La actividad conecta inhibición y autorregulación con una decisión cotidiana.
Actividades para flexibilidad cognitiva
9. Clasificar con dos criterios
Entrega objetos o tarjetas que puedan agruparse por color, forma, función o tamaño. Tras una primera clasificación, pide otra distinta y pregunta qué regla ha cambiado. En niveles avanzados, la regla puede deducirse a partir de correcciones.
El objetivo no es adivinar a la primera, sino abandonar un criterio que ya no funciona. Conviene reforzar la detección y el cambio, no únicamente el acierto final.
10. Tres usos posibles
Elige un objeto corriente y busca usos plausibles diferentes. Después añade una restricción: sin electricidad, al aire libre o con una sola mano. La restricción obliga a revisar respuestas anteriores. Evita puntuar la «creatividad» de manera vaga; registra número de categorías distintas o capacidad para cambiar de enfoque.
11. Historia desde otra perspectiva
Lee una escena breve y vuelve a contarla desde el punto de vista de otro personaje. Se puede apoyar con preguntas: qué sabe, qué quiere y qué desconoce cada uno. Esta actividad combina flexibilidad, lenguaje e inferencia social, por lo que un mal resultado no permite atribuir la causa a una única función. Para ampliar el trabajo verbal con adolescentes, pueden utilizarse algunas preguntas para adolescentes seleccionadas por objetivo, no como interrogatorio.
12. Cambio de estrategia en un problema
Propón un laberinto, una construcción o una planificación sencilla con una condición que cambia a mitad de la tarea. Antes de continuar, la persona explica qué parte del plan ya no sirve. La Torre de Hanói puede ilustrar planificación e inhibición, aunque su ejecución aislada no debe confundirse con una medida completa del funcionamiento cotidiano.
Actividades para planificación y supervisión
13. Plan inverso desde la meta
Elige una meta realista, como entregar un trabajo el viernes o preparar una salida. Empieza por el resultado y retrocede: qué debe estar listo el día anterior, qué materiales hacen falta y cuándo se comprobarán. Después asigna duración aproximada y un margen.
El valor está en exteriorizar el plan. Una hoja, un calendario o tarjetas móviles reducen carga de memoria y permiten reorganizar. En consulta, interesa observar si la persona divide acciones demasiado grandes, detecta dependencias y deja tiempo para revisar.
14. Predicción, ejecución y revisión
Antes de una tarea breve, la persona predice cuánto tardará y qué dificultad encontrará. Al terminar compara previsión y resultado, sin premiar que ambos coincidan. La discrepancia aporta información para ajustar el plan siguiente.
Este formato se puede aplicar al estudio, las tareas domésticas o un trámite. También encaja con actividades emocionales cuando el objetivo es anticipar obstáculos y escoger apoyos; el artículo sobre actividades para trabajar emociones ofrece propuestas complementarias, pero emoción y función ejecutiva no son términos intercambiables.
15. La maleta con condiciones
Presenta una situación concreta: preparar una mochila para una excursión de un día, una bolsa para entrenar o el material de una sesión. Define las condiciones antes de empezar, por ejemplo, previsión de lluvia, espacio limitado y una actividad que exige un objeto específico. La persona elabora la lista, justifica prioridades y comprueba al final si cada elección responde a una necesidad.
La dificultad puede graduarse aumentando las condiciones o introduciendo un cambio cuando el plan ya está iniciado. Si se anuncia que una actividad se cancela o que el espacio disponible disminuye, habrá que retirar objetos y reorganizar. Se entrenan planificación, memoria de trabajo y flexibilidad dentro de una tarea reconocible. En niños conviene usar materiales reales y seguros; con adultos puede aplicarse a un viaje o una jornada laboral.
16. Mapa de obstáculos y plan alternativo
Escoge una tarea próxima que la persona deba realizar. Divide una hoja en tres columnas: paso previsto, obstáculo posible y respuesta alternativa. «Ir a la biblioteca» podría incluir comprobar el horario, preparar el material y decidir qué hacer si el libro no está disponible. No se busca imaginar todos los problemas, sino distinguir los previsibles de los poco probables y preparar una alternativa viable.
Después de realizar la tarea, se revisa qué obstáculos aparecieron y qué respuesta fue útil. Para aumentar la demanda, retira parte de las preguntas guía; para reducirla, ofrece opciones entre las que escoger. Esta actividad permite trabajar planificación sin confundir anticipación con preocupación repetitiva.
17. Interrupciones con punto de retorno
Propón una tarea de varios pasos, como ordenar documentos por fecha, construir una figura siguiendo un modelo o preparar una lista de compra por secciones. En momentos acordados aparece una interrupción breve y neutra. Antes de atenderla, la persona debe dejar una señal de retorno: marcar el último paso, anotar qué falta o colocar una tarjeta en el punto exacto.
Al retomar, registra si identifica dónde estaba y qué apoyo utiliza. La progresión puede ir de interrupciones anunciadas a otras menos predecibles, pero nunca se deben introducir datos clínicos, mensajes personales ni estímulos diseñados para angustiar. En la vida diaria, aprender a proteger el punto de retorno suele ser más útil que pretender evitar cualquier distracción.
18. Control de calidad con una lista breve
Entrega un producto terminado que contenga varios errores acordes con la edad: una agenda con una cita sin hora, una operación sin unidad, un correo ficticio sin destinatario o una receta a la que le falta un paso. La persona aplica una lista de comprobación de tres o cuatro criterios y señala qué revisó, en lugar de limitarse a «mirar otra vez».
En una segunda ronda, realiza una tarea propia y usa la misma lista antes de darla por acabada. El objetivo es convertir la supervisión en un procedimiento observable. La ayuda se reduce cuando la persona empieza a iniciar la revisión sin recordatorio. Si aparecen demasiados errores, simplifica los criterios; una lista interminable aumenta carga de memoria y deja de funcionar como apoyo.
El movimiento también puede exigir control ejecutivo
Un circuito motor con reglas, una coreografía acumulativa o un juego de pelota que cambia de criterio combinan actividad física con memoria, inhibición y flexibilidad. En el ensayo aleatorizado FITKids, un programa extraescolar de actividad física produjo mejoras modestas en medidas de inhibición y flexibilidad frente a lista de espera. Los resultados pertenecen a ese programa y esa muestra; no autorizan a prometer el mismo efecto con cualquier ejercicio. Puede consultarse el estudio FITKids y, para recomendaciones generales de actividad física por edades y condiciones, las directrices de la OMS.
En personas con limitaciones motoras, adapta desplazamientos, tiempos y materiales. El componente ejecutivo puede conservarse con movimientos de brazos, indicaciones visuales o respuestas oculares. La actividad física debe ser segura y adecuada a la situación de salud; el entrenamiento cognitivo no justifica ignorar dolor, fatiga o riesgo de caída.
Cómo adaptar las propuestas por edad y contexto
En primera infancia predominan reglas simples, imitación, canciones y juego compartido. La guía del Center on the Developing Child de Harvard organiza propuestas desde bebés hasta adolescentes y recalca la práctica ajustada al desarrollo. En edad escolar ya pueden explicitarse estrategias: repetir, agrupar, comprobar y pedir ayuda.
Con adolescentes conviene negociar metas y trabajar sobre demandas reconocibles: preparar exámenes, cambiar entre tareas o gestionar interrupciones. En adultos, usa actividades funcionales y evita materiales con aspecto escolar si resultan humillantes. Para personas mayores, prioriza significado, accesibilidad sensorial, ritmo y seguridad; no atribuyas automáticamente los errores a la edad.
En grupo, vigila que la velocidad de otros participantes no convierta la práctica en exposición pública del rendimiento. En casa, es preferible integrar una estrategia en una rutina estable que añadir muchas fichas. En el aula, los instrumentos de evaluación educativa pueden ayudar a ordenar la recogida de información, siempre que se utilicen para su finalidad y no como diagnóstico clínico improvisado.
Cómo saber si la actividad está ayudando
La puntuación del juego es un dato, pero la pregunta decisiva es funcional. Define antes una conducta cercana a la meta y registra pocas variables:
- número de recordatorios necesarios;
- pasos completados con autonomía;
- errores detectados y corregidos;
- capacidad para explicar y cambiar de estrategia;
- uso espontáneo del apoyo en otro contexto.
Compara periodos razonables y condiciones parecidas. Un día de sueño escaso, dolor, ansiedad, ruido o una instrucción poco clara puede alterar el rendimiento. Si solo mejora la tarea practicada, describe ese avance sin generalizar.
Límites: cuándo una actividad no basta
Estas propuestas no diagnostican TDAH, deterioro cognitivo, daño cerebral ni dificultades de aprendizaje. Tampoco sustituyen una intervención indicada. Las quejas ejecutivas pueden relacionarse con sueño, estado de ánimo, medicación, dolor, estrés, condiciones neurológicas o barreras del entorno, entre otros factores.
Conviene solicitar una evaluación cuando las dificultades son persistentes, aparecen tras un cambio neurológico o médico, comprometen la seguridad o interfieren de forma clara con el estudio, el trabajo o la autonomía. El profesional deberá decidir qué información recoger y qué pruebas son pertinentes. Una lista general de técnicas de psicoterapia tampoco reemplaza esa formulación individual.
El criterio más útil para cerrar el plan es sencillo: practicar menos actividades, elegirlas mejor y conectarlas con una necesidad concreta. Si no puedes explicar qué conducta cotidiana esperas facilitar y cómo vas a observarla, todavía falta definir el objetivo.
Preguntas frecuentes
¿Cuánto debe durar una sesión de entrenamiento de funciones ejecutivas?
No existe una duración universal. Para empezar suele ser más útil una práctica breve que la persona pueda sostener con atención que una sesión larga y frustrante. El profesional puede ajustar el tiempo según edad, fatiga, dificultad de la tarea y objetivo, y registrar cuándo baja claramente el rendimiento.
¿Las fichas y los juegos mejoran las funciones ejecutivas en la vida diaria?
Pueden mejorar la ejecución en la actividad practicada, pero la transferencia a tareas distintas no debe darse por supuesta. Conviene vincular el ejercicio con una situación cotidiana concreta, practicarla también en ese contexto y medir el cambio funcional, no solo la puntuación del juego.
¿Estas actividades sustituyen una evaluación neuropsicológica?
No. Una dificultad para organizarse, recordar instrucciones o frenar una respuesta puede tener causas diversas. Si la interferencia es persistente o relevante, hace falta una valoración profesional que integre entrevista, historia, observación y, cuando proceda, pruebas adecuadas.
¿Se pueden utilizar con adultos y personas mayores?
Sí, si se adaptan al objetivo, los intereses y las capacidades de la persona. En adultos resulta preferible trabajar con tareas significativas, como preparar una gestión, organizar medicación con supervisión sanitaria o planificar una compra, evitando materiales infantilizados.
Referencias y fuentes
- Center on the Developing Child at Harvard University: Activities Guide, Enhancing and Practicing Executive Function Skills
- Diamond, Barnett, Thomas y Munro: Preschool program improves cognitive control
- Dovis y colaboradores: Improving executive functioning in children with ADHD, randomized double-blind placebo controlled trial
- Hillman y colaboradores: Effects of the FITKids randomized controlled trial on executive control and brain function
- World Health Organization: Guidelines on physical activity and sedentary behaviour




