En este artículo
- Biografía: del castillo de Roccasecca a la abadía de Fossanova
- La Suma Teológica: estructura y método
- La síntesis aristotélico-cristiana
- La teoría del alma y sus facultades
- Los sentidos internos: una psicología cognitiva medieval
- Las pasiones del alma
- Intelecto y voluntad
- Influencia en la historia de la psicología
- Conclusión: por qué un psicólogo debería leer a Aquino
- Preguntas frecuentes
- Fuentes
Mucho antes de que existieran laboratorios, cuestionarios o manuales diagnósticos, un fraile dominico del siglo XIII escribió un tratado minucioso sobre cómo percibimos, recordamos, imaginamos, deseamos y nos enfadamos. Tomás de Aquino no era psicólogo en el sentido moderno, pero en la Suma Teológica dedicó decenas de cuestiones a lo que hoy llamaríamos procesos cognitivos, motivación y emoción, con una precisión conceptual que todavía sorprende.
Para quien estudia psicología, acercarse a Aquino tiene un interés doble. Por un lado, permite comprender de dónde vienen muchos términos que seguimos usando, como "facultad", "intención" o "apetito". Por otro, muestra una de las primeras teorías integradas de la mente humana en Occidente: una psicología que no separa cuerpo y alma como hará Descartes siglos después, sino que los entiende como una unidad.
En este artículo recorremos su biografía, la estructura de la Suma Teológica, su síntesis entre Aristóteles y el cristianismo, su teoría del alma y de los sentidos internos, su clasificación de las pasiones y su influencia en la historia de la psicología.
Biografía: del castillo de Roccasecca a la abadía de Fossanova
Tomás nació hacia 1225 en el castillo de Roccasecca, cerca de Aquino, en el reino de Sicilia, en una familia noble. Con unos cinco años fue enviado como oblato a la abadía benedictina de Montecassino, donde su familia esperaba que llegara a abad. Hacia 1239 pasó a estudiar en la Universidad de Nápoles, fundada por Federico II, y allí entró en contacto con dos novedades: los textos de Aristóteles, recién recuperados en Occidente a través de traducciones árabes y griegas, y la orden de predicadores fundada por Domingo de Guzmán.
En 1244 ingresó en los dominicos contra la voluntad de su familia. Sus hermanos lo interceptaron en el camino y lo retuvieron alrededor de un año en el castillo familiar. Finalmente se le permitió volver a la orden, que lo envió a París y después a Colonia para estudiar con Alberto Magno. Sus compañeros le apodaban "el buey mudo" por su corpulencia y su silencio; la tradición atribuye a Alberto la respuesta de que los mugidos de ese buey se oirían en todo el mundo.
Fue maestro regente en la Universidad de París desde 1256, enseñó en varias ciudades italianas, incluida Roma, y volvió a París entre 1268 y 1272. El 6 de diciembre de 1273, tras una experiencia durante la misa que sus biógrafos describen como mística, dejó de escribir. Murió el 7 de marzo de 1274 en la abadía cisterciense de Fossanova, cuando viajaba al Concilio de Lyon. Fue canonizado por Juan XXII en 1323 y proclamado doctor de la Iglesia por Pío V en 1567. Su festividad se celebra el 28 de enero y es patrón de los estudiantes.
La Suma Teológica: estructura y método
La Summa Theologiae fue concebida como un manual para principiantes en teología. Aquino la comenzó hacia 1265-1266 y la dejó inacabada; el llamado Suplemento lo completó su secretario, Reginaldo de Piperno, con materiales de obras anteriores. Se divide en tres partes:
- Primera parte (Prima Pars): Dios, la creación, los ángeles y el ser humano. Aquí está el tratado sobre el alma (cuestiones 75 a 89).
- Segunda parte, dividida en Prima Secundae (fin último, actos humanos, pasiones, hábitos, virtudes) y Secunda Secundae (virtudes y vicios concretos).
- Tercera parte (Tertia Pars): Cristo y los sacramentos.
El método es el de la quaestio disputata: cada artículo plantea una pregunta, expone las objeciones contrarias, cita una autoridad ("sed contra"), desarrolla la respuesta ("respondeo") y contesta una a una las objeciones. Es un ejercicio de pensamiento crítico formalizado, que obliga a formular con justicia la posición contraria antes de refutarla. Junto a la Suma Teológica destacan la Suma contra los gentiles y sus comentarios a Aristóteles, entre ellos el comentario al De anima.
La síntesis aristotélico-cristiana
En el siglo XIII, la llegada de las obras de Aristóteles y de sus comentaristas árabes, sobre todo Averroes, generó un conflicto. Aristóteles ofrecía una explicación natural del mundo y del alma que parecía chocar con la fe cristiana. Algunos maestros parisinos, los llamados averroístas latinos, defendían tesis como la existencia de un único intelecto para toda la humanidad.
Aquino defendió que razón y fe no se contradicen, porque ambas proceden de la misma fuente, y se propuso integrar la filosofía aristotélica en la teología. Frente al dualismo platónico de Agustín, que tendía a ver el alma como algo alojado en el cuerpo, adoptó el hilemorfismo de Aristóteles: el ser humano es un compuesto de materia y forma, y el alma es la forma del cuerpo. No somos un alma que usa un cuerpo, sino una unidad psicofísica. Este punto es clave para la psicología porque implica que no hay conocimiento humano sin intervención de los sentidos y del organismo.
La gran intuición psicológica de Aquino es que no pensamos a pesar del cuerpo, sino gracias a él: todo lo que llega al intelecto ha pasado antes por la sensibilidad.
En la lista de filósofos más importantes de la historia, Aquino ocupa un lugar de referencia precisamente por esta síntesis, que marcó la filosofía occidental durante siglos.
La teoría del alma y sus facultades
Siguiendo a Aristóteles, Aquino distingue tres grados de vida, cada uno con sus potencias o facultades:
Alma vegetativa
Compartida con las plantas, se encarga de la nutrición, el crecimiento y la reproducción. Es la base biológica sobre la que operan las demás.
Alma sensitiva
Compartida con los animales, incluye la percepción, los apetitos sensibles y el movimiento local. A ella pertenecen los cinco sentidos externos y los cuatro sentidos internos.
Alma intelectiva
Exclusiva del ser humano, comprende el intelecto, capaz de captar lo universal, y la voluntad, apetito racional que se dirige al bien conocido por el intelecto.
Un matiz importante: para Aquino no hay tres almas en el ser humano, sino una sola alma intelectiva que realiza también las funciones vegetativas y sensitivas. Esta tesis de la unidad de la forma sustancial fue polémica en su época y fue incluida, en parte, en las condenas de Oxford de 1277.
Los sentidos internos: una psicología cognitiva medieval
En la cuestión 78, artículo 4, de la Primera Parte, Aquino describe cuatro sentidos internos que procesan la información de los sentidos externos:
- Sentido común (sensus communis): integra los datos de los distintos sentidos en una percepción unificada. Gracias a él distinguimos que lo blanco y lo dulce pertenecen al mismo terrón de azúcar, y somos conscientes de que estamos percibiendo.
- Imaginación o fantasía: conserva las formas percibidas en ausencia del objeto y permite combinarlas, como cuando imaginamos una montaña de oro.
- Estimativa: en los animales, capta intenciones no percibidas por los sentidos externos, como el carácter peligroso o útil de algo. El ejemplo clásico es la oveja que huye del lobo no por su color o figura, sino porque capta en él un enemigo natural. En el ser humano esta facultad se llama cogitativa o "razón particular", porque opera en contacto con la razón y compara experiencias concretas.
- Memoria: conserva esas intenciones y las sitúa en el pasado. En el ser humano existe además la reminiscencia, una búsqueda activa de recuerdos mediante asociación.
Leída hoy, esta clasificación anticipa distinciones que la psicología retomó con otros nombres: integración multisensorial, imágenes mentales, evaluación automática del significado de los estímulos y memoria episódica. No es que Aquino "descubriera" estos procesos en sentido científico, pero sí los separó conceptualmente con notable finura.
Las pasiones del alma
El tratado de las pasiones ocupa las cuestiones 22 a 48 de la Prima Secundae y es considerado el más extenso sobre emociones de la filosofía medieval. Aquino distingue dos apetitos sensibles:
- Concupiscible, orientado al bien o mal sensible en sí mismo. Sus pasiones son seis: amor y odio, deseo y aversión, gozo y tristeza.
- Irascible, que actúa cuando el bien o el mal son arduos, difíciles de alcanzar o evitar. Sus pasiones son cinco: esperanza y desesperación, audacia y temor, e ira, que no tiene contrario.
En total, once pasiones básicas. Todas, sostiene Aquino, tienen como raíz el amor, porque cualquier movimiento afectivo presupone una inclinación hacia algo percibido como bueno. Las pasiones no son malas en sí: son moralmente neutras y se vuelven virtuosas o viciosas según estén ordenadas por la razón. Esta idea anticipa lo que hoy llamamos autorregulación y psicología emocional: no se trata de suprimir la emoción, sino de integrarla.
Aquino incluso ofrece "remedios" para la tristeza en la cuestión 38: el placer, el llanto, la compasión de los amigos, la contemplación de la verdad, y el sueño y los baños. Es difícil no ver aquí un antecedente de las estrategias de afrontamiento.
Intelecto y voluntad
Para Aquino, el intelecto tiene cierta primacía: solo podemos querer lo que conocemos. La voluntad tiende necesariamente al bien en general, la felicidad, pero es libre al elegir entre bienes particulares, porque el intelecto puede considerarlos desde distintos ángulos. Así explica el libre albedrío: la elección, o electio, es un acto de la voluntad informado por el juicio de la razón.
Aquino distingue además entre el intelecto agente, que abstrae lo universal de las imágenes, y el intelecto posible, que lo recibe. Su principio de que "nada hay en el intelecto que no haya estado antes en los sentidos" resume su enfoque empirista moderado.
Influencia en la historia de la psicología
La influencia de Aquino se hizo sentir en varias oleadas. Tras la encíclica Aeterni Patris de León XIII, en 1879, el tomismo se convirtió en la filosofía oficial de la enseñanza católica. En ese contexto, el cardenal Désiré Mercier fundó en 1889 el Instituto Superior de Filosofía de Lovaina, donde se creó uno de los primeros laboratorios de psicología experimental dentro de una institución católica, dirigido por Armand Thiéry, formado con Wundt. La neoescolástica intentó así dialogar con la nueva psicología de Wilhelm Wundt.
Franz Brentano, cuya noción de intencionalidad inspiró a Husserl y a la psicología del acto, recuperó explícitamente el término escolástico de "inexistencia intencional". Y en el siglo XX, la psicóloga Magda Arnold, pionera de las teorías de la valoración (appraisal) de la emoción, se inspiró en la tradición tomista de la estimativa para defender que las emociones dependen de una evaluación del estímulo como bueno o malo para uno mismo.
Para situar estas aportaciones en contexto, conviene recorrer la historia de la psicología y contrastar la visión unitaria de Aquino con el dualismo que Descartes introdujo en la psicología en el siglo XVII.
Conclusión: por qué un psicólogo debería leer a Aquino
Tomás de Aquino no ofrece datos empíricos ni técnicas terapéuticas, pero sí algo valioso: un mapa conceptual de la mente humana construido con rigor lógico y con una idea central que la psicología contemporánea ha recuperado, la unidad de cuerpo y mente. Su distinción de sentidos internos, su clasificación de once pasiones y su análisis de la relación entre intelecto y voluntad son un buen ejercicio para pensar los conceptos que usamos sin cuestionarlos.
La recomendación práctica es sencilla: leer directamente las cuestiones 78 de la Primera Parte y 22 a 48 de la Prima Secundae. Son textos breves, estructurados y sorprendentemente actuales para entender de dónde viene nuestra forma de hablar sobre la percepción y las emociones.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son los sentidos internos según Tomás de Aquino?
Son cuatro: sentido común, imaginación o fantasía, estimativa (llamada cogitativa en el ser humano) y memoria. Los describe en la Suma Teológica, Primera Parte, cuestión 78, artículo 4, y procesan la información que llega de los sentidos externos.
¿Cuántas pasiones distingue Tomás de Aquino?
Once. Seis pertenecen al apetito concupiscible (amor, odio, deseo, aversión, gozo y tristeza) y cinco al irascible (esperanza, desesperación, audacia, temor e ira). Las analiza en las cuestiones 22 a 48 de la Prima Secundae.
¿Qué es el hilemorfismo?
Es la doctrina aristotélica, adoptada por Aquino, según la cual los seres están compuestos de materia y forma. Aplicada al ser humano, significa que el alma es la forma del cuerpo y que ambos constituyen una unidad, no dos sustancias separadas.
¿Terminó Tomás de Aquino la Suma Teológica?
No. La comenzó hacia 1265-1266 y dejó de escribir en diciembre de 1273, unos meses antes de morir. El llamado Suplemento fue completado por su secretario Reginaldo de Piperno a partir de obras anteriores.
¿Qué influencia tuvo Aquino en la psicología?
Su teoría de las facultades y de las pasiones marcó la psicología filosófica durante siglos. La neoescolástica de Lovaina dialogó con la psicología experimental, Brentano recuperó la noción de intencionalidad y Magda Arnold se inspiró en la estimativa para su teoría de la valoración emocional.




