En este artículo
- La regla Goldwater: por qué no se puede diagnosticar a Escobar
- Qué dicen las biografías verificadas
- Narcisismo: grandiosidad, imagen y necesidad de reconocimiento
- Maquiavelismo y la lógica de "plata o plomo"
- La tríada oscura como marco de lectura
- Liderazgo carismático y violencia instrumental
- La imagen de "Robin Hood" y el apoyo social en Medellín
- Glamurización en la ficción y efecto en los jóvenes
- Las víctimas: el centro que la ficción olvida
- Conclusión: comprender sin absolver
- Preguntas frecuentes
- Fuentes
Pablo Emilio Escobar Gaviria nació el 1 de diciembre de 1949 en Rionegro (Antioquia) y murió abatido por la Policía Nacional sobre un tejado del barrio Los Olivos de Medellín el 2 de diciembre de 1993, un día después de cumplir 44 años. En ese intervalo pasó de robar lápidas y coches a dirigir el cártel de Medellín, ocupar un escaño suplente en la Cámara de Representantes, construir cientos de viviendas para familias que malvivían en un basurero y ordenar atentados que mataron a cientos de civiles. Esa combinación de benefactor y terrorista es la que despierta, todavía hoy, la pregunta de cómo era su mente.
Para un psicólogo, la tentación de responder con una etiqueta es enorme: "psicópata", "narcisista", "antisocial". Sin embargo, poner un diagnóstico a alguien a quien nunca se ha evaluado choca con principios éticos básicos de la profesión y con la propia lógica de la evaluación clínica. Este artículo propone otra cosa: explicar por qué no debemos diagnosticar a distancia, qué conceptos de la psicología de la personalidad sí ayudan a leer la conducta documentada de Escobar y qué efectos tiene hoy su figura, sobre todo en los jóvenes, a través de la ficción.
A lo largo del texto solo se utilizan hechos contrastados por fuentes periodísticas, judiciales o biográficas reconocidas. No se trata de dibujar a un antihéroe, sino de entender un fenómeno criminal y social sin perder de vista a las decenas de miles de víctimas que dejó el narcoterrorismo en Colombia.
La regla Goldwater: por qué no se puede diagnosticar a Escobar
En 1964 la revista Fact envió una encuesta a 12.356 psiquiatras estadounidenses preguntando si el candidato republicano Barry Goldwater estaba psicológicamente capacitado para ser presidente. Muchos respondieron con diagnósticos rotundos sin haberle visto nunca. La reacción de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) fue calificar aquello de carente de validez científica y, en 1973, incorporar a sus principios éticos la sección 7.3, conocida como regla Goldwater: es contrario a la ética que un psiquiatra emita una opinión profesional sobre una figura pública sin haberla examinado y sin contar con su autorización.
La regla es de la asociación psiquiátrica estadounidense, pero su lógica es compartida por los códigos deontológicos de la psicología: un diagnóstico requiere entrevista, instrumentos validados, información colateral y un contexto de evaluación. En el caso de Escobar, además, la persona ha fallecido, no puede dar su consentimiento y buena parte de lo que sabemos procede de testimonios interesados: socios, sicarios arrepentidos, familiares o agentes que le persiguieron.
Los límites de la regla
La regla Goldwater tiene críticos. Algunos autores sostienen que silenciar a los expertos deja el debate público en manos de opinadores sin formación, y que el análisis de figuras históricas puede tener valor educativo. La posición más razonable es intermedia: se pueden describir patrones de conducta documentados y relacionarlos con constructos teóricos, dejando claro que eso no equivale a un diagnóstico. Es lo que haremos aquí. Hablar de "rasgos compatibles con" no es lo mismo que afirmar que alguien "tenía" un trastorno.
Qué dicen las biografías verificadas
Las fuentes más citadas sobre su vida son La parábola de Pablo (2001), del periodista y posterior alcalde de Medellín Alonso Salazar; Killing Pablo (2001), de Mark Bowden, centrado en la cacería final; Noticia de un secuestro (1996), de Gabriel García Márquez, que reconstruye los secuestros de periodistas ordenados por Los Extraditables; y Pablo Escobar, mi padre (2014), de su hijo Juan Pablo Escobar, hoy Sebastián Marroquín. Cada una tiene sesgos, pero coinciden en varios hechos:
- Fue elegido en 1982 representante suplente a la Cámara por Antioquia y perdió su posición política tras las denuncias del ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla, asesinado el 30 de abril de 1984.
- Fue el principal promotor de Los Extraditables, que lucharon contra la extradición a Estados Unidos con el lema "preferimos una tumba en Colombia a una celda en Estados Unidos".
- Se atribuye a su organización el asesinato del candidato presidencial Luis Carlos Galán (18 de agosto de 1989), la bomba en el vuelo 203 de Avianca (27 de noviembre de 1989, 107 personas a bordo muertas) y el atentado contra el edificio del DAS en Bogotá (diciembre de 1989).
- En 1991 se entregó y fue recluido en La Catedral, una prisión construida a su medida en Envigado, de la que se fugó en julio de 1992.
Estos datos permiten analizar decisiones, estrategias y relaciones, que es lo máximo a lo que puede aspirar un análisis psicológico honesto a distancia.
Narcisismo: grandiosidad, imagen y necesidad de reconocimiento
El narcisismo, como rasgo dimensional y no como trastorno, incluye grandiosidad, búsqueda de admiración, sentido de derecho y sensibilidad a la humillación. Varios episodios bien documentados encajan con esa descripción conductual. La Hacienda Nápoles, en Puerto Triunfo, tenía unos 20 kilómetros cuadrados, un zoológico con hipopótamos, jirafas y elefantes y una avioneta montada sobre el portón de entrada, que según distintas versiones habría servido para el primer transporte de cocaína. Su aspiración de ser congresista, y la ira con la que reaccionó a su expulsión de la política, sugieren que la legitimidad social le importaba tanto como el dinero.
También es significativo que buscara ser visto como hombre del pueblo: financiaba canchas de fútbol iluminadas en barrios populares y se presentaba como alguien que devolvía a los pobres lo que el Estado les negaba. La grandiosidad no siempre es ostentación; a veces es el deseo de ser el protagonista moral de una historia.
La generosidad selectiva no contradice la crueldad instrumental: ambas pueden ser herramientas de la misma estrategia de poder, una para ganar lealtades y otra para eliminar obstáculos.
Maquiavelismo y la lógica de "plata o plomo"
El maquiavelismo describe la tendencia a manipular, a ver a los demás como medios y a priorizar la eficacia sobre la moral. La fórmula "plata o plomo", ofrecer soborno o muerte a jueces, policías y políticos, es casi una definición operativa del constructo. No se trata de impulsividad, sino de cálculo: cooptar cuando es barato y aniquilar cuando es necesario.
El llamado plan pistola es el ejemplo más crudo. A partir de 1989 el cártel pagó recompensas por asesinar policías en Medellín: según reconstrucciones de El Tiempo, un millón de pesos por un agente, más por suboficiales y oficiales, y cinco millones por miembros del Bloque de Búsqueda. Entre 1989 y 1992 murieron unos 500 policías. La violencia se convertía en un sistema de precios, algo muy distinto de la agresión reactiva que se asocia al descontrol emocional.
La tríada oscura como marco de lectura
En 2002, Delroy Paulhus y Kevin Williams propusieron el concepto de tríada oscura para agrupar tres rasgos socialmente aversivos que se solapan pero no son idénticos: narcisismo subclínico, maquiavelismo y psicopatía subclínica. Su interés para este caso es que no exige hablar de trastorno: son rasgos que se distribuyen en la población general y que se miden con cuestionarios como el Short Dark Triad (SD3).
La dimensión psicopática es la más delicada. Describe baja empatía, escasa culpa, audacia y búsqueda de estimulación. Para distinguir estos rasgos de un diagnóstico, conviene revisar cómo se construye un perfil psicológico del psicópata y por qué la evaluación clínica se apoya en instrumentos como la escala de evaluación de psicopatía de Hare, que exige entrevista semiestructurada y revisión de expedientes, algo imposible con una figura muerta. También ayuda entender las diferencias entre psicopatía y sociopatía, porque en Escobar pesan mucho factores ambientales: un contexto de contrabando, violencia política y economía ilegal que normalizaba ciertas conductas.
Lo que la tríada no explica
La tríada oscura no explica por qué Escobar mantuvo vínculos familiares intensos, según su hijo y su viuda, ni por qué generó lealtades tan profundas. Reducirlo a un listado de rasgos empobrece el análisis. La personalidad es siempre una interacción entre disposiciones, aprendizajes y oportunidades, y en la Colombia de los años ochenta las oportunidades para el crimen organizado eran extraordinarias.
Liderazgo carismático y violencia instrumental
Max Weber describió la autoridad carismática como aquella que se apoya en las cualidades extraordinarias atribuidas a un líder, más que en normas o tradiciones. Escobar reunía ingredientes de ese tipo: un relato de origen humilde, gestos de generosidad visibles, capacidad para desafiar al Estado y una red de hombres jóvenes de las comunas que encontraban en el cártel ingresos, pertenencia y estatus.
La psicología de las organizaciones criminales muestra que la violencia instrumental cumple varias funciones: disuadir a enemigos, disciplinar a propios y enviar mensajes al Estado. El atentado del vuelo 203 buscaba matar al candidato César Gaviria, que ni siquiera iba a bordo; el objetivo era político y la muerte de 107 personas se aceptó como coste. Esa disposición a tratar vidas civiles como variables de una ecuación es, probablemente, el rasgo más documentado y más perturbador de su conducta.
La imagen de "Robin Hood" y el apoyo social en Medellín
En 1984 Escobar impulsó el programa Medellín sin Tugurios, que empezó con unas 250 casas para familias que vivían del basurero municipal de Moravia y llegó a 443 viviendas antes de su muerte. El asentamiento, en la parte alta de la comuna 9, se conoce todavía como barrio Pablo Escobar y fue legalizado por el Estado en 2012. Allí, murales y altares con su imagen conviven con vecinos que piden cambiar el nombre.
Este fenómeno se entiende mejor desde la psicología social que desde la clínica. Cuando el Estado está ausente, quien reparte bienes concretos obtiene gratitud, y la gratitud se transforma en lealtad y silencio. Además actúa la disonancia cognitiva: quien recibió una casa del patrón tiene motivos para minimizar sus crímenes, porque aceptar la magnitud del daño le obligaría a revisar su propia historia. Más de 25.000 personas acudieron a su funeral, según las crónicas de la época.
Glamurización en la ficción y efecto en los jóvenes
Escobar ha sido protagonista de numerosas producciones. Escobar, el patrón del mal (Caracol, 2012), inspirada en el libro de Alonso Salazar, se presentó con un enfoque explícito hacia las víctimas. Narcos (Netflix, estrenada en agosto de 2015), con Wagner Moura en el papel principal, llevó su figura a una audiencia global y alimentó el llamado narcoturismo en Medellín: visitas a su tumba en el cementerio Montesacro, a La Catedral y al barrio que lleva su nombre.
Desde la teoría del aprendizaje social de Bandura se entiende el riesgo: los modelos que obtienen poder, dinero y admiración son más imitados, y la ficción suele mostrar las recompensas del narco de forma vívida mientras reduce las consecuencias a desenlaces lejanos. En adolescentes de contextos vulnerables, donde las salidas legítimas parecen bloqueadas, la figura del narco exitoso puede funcionar como guion de identidad. Esto no significa que ver una serie convierta a nadie en delincuente, pero sí que el relato importa, sobre todo cuando se consume sin contexto.
Qué pueden hacer familias y educadores
Tres estrategias tienen sentido: ver y comentar las series junto a los adolescentes, preguntando por las víctimas que no aparecen en pantalla; contrastar la ficción con documentales y testimonios reales; y trabajar el pensamiento crítico sobre la diferencia entre carisma y valor moral. El objetivo no es prohibir, sino evitar que el único relato disponible sea el del protagonista.
Las víctimas: el centro que la ficción olvida
El 22 de febrero de 2019 la Alcaldía de Medellín demolió el edificio Mónaco, antigua residencia de Escobar y parada habitual del narcoturismo. En su lugar se inauguró en diciembre de ese mismo año el Parque Conmemorativo Inflexión, que recuerda a las 46.612 personas asesinadas en Medellín entre 1983 y 1994, los años más duros del narcoterrorismo. Son jueces, periodistas como Guillermo Cano, director de El Espectador asesinado en 1986, policías, pasajeros de avión y transeúntes.
Desde la psicología del trauma, las víctimas del terrorismo sufren consecuencias que se prolongan durante décadas: duelo complicado, estrés postraumático, pérdida de confianza en las instituciones y, a menudo, una sensación de injusticia cuando ven a su victimario convertido en icono comercial. Cada camiseta con su cara es, para muchas familias, una revictimización.
Conclusión: comprender sin absolver
La figura de Pablo Escobar es un buen caso para practicar la ética profesional del psicólogo. No podemos diagnosticarle, porque nunca fue evaluado y porque la regla Goldwater y nuestros códigos deontológicos nos lo impiden. Sí podemos analizar su conducta documentada con constructos como la tríada oscura, el liderazgo carismático o la violencia instrumental, siempre como hipótesis explicativas y no como etiquetas.
La conclusión práctica es doble. Para el profesional, cuidar el lenguaje: hablar de rasgos y conductas, no de trastornos, cuando se comenta a figuras públicas. Para la sociedad, recordar que el interés psicológico por un criminal solo es legítimo si sirve para prevenir que otros ocupen su lugar y para dar voz a quienes pagaron el precio de su poder.
Preguntas frecuentes
¿Se puede decir que Pablo Escobar era un psicópata?
No de forma rigurosa. Nunca fue evaluado clínicamente y la regla Goldwater, junto con los códigos deontológicos, desaconseja diagnosticar a figuras públicas a distancia. Lo que sí puede hacerse es describir conductas documentadas compatibles con rasgos como baja empatía o manipulación.
¿Qué es la regla Goldwater?
Es la sección 7.3 de los principios éticos de la Asociación Americana de Psiquiatría, adoptada en 1973. Establece que no es ético emitir una opinión profesional sobre una figura pública sin haberla examinado y sin su autorización. Surgió tras una encuesta de la revista Fact sobre Barry Goldwater en 1964.
¿Qué es la tríada oscura de la personalidad?
Es un concepto propuesto por Paulhus y Williams en 2002 que agrupa tres rasgos aversivos subclínicos: narcisismo, maquiavelismo y psicopatía. Se miden en población general con cuestionarios como el Short Dark Triad y no equivalen a un diagnóstico.
¿Por qué parte de Medellín veía a Escobar como un Robin Hood?
Porque financió viviendas, como el programa Medellín sin Tugurios iniciado en 1984, y canchas deportivas en barrios pobres donde el Estado estaba ausente. La gratitud y la disonancia cognitiva ayudan a explicar por qué algunos beneficiarios minimizan sus crímenes.
¿Series como Narcos influyen en los jóvenes?
Pueden hacerlo cuando presentan al narcotraficante como un modelo con poder y admiración sin mostrar las consecuencias. Según la teoría del aprendizaje social, los modelos recompensados se imitan más, por lo que conviene ver estas series con espíritu crítico y contexto sobre las víctimas.
Fuentes
Revisión profesional
Javier Ares Arranz
Psicólogo General Sanitario · Colegiado M-31669.




