En 1865, ante unas cuarenta personas reunidas en la Sociedad de Historia Natural de Brünn (hoy Brno, en la República Checa), un monje agustino leyó durante dos sesiones los resultados de ocho años cruzando guisantes. Nadie en la sala entendió que acababa de describir el mecanismo de la herencia. Aquel monje era Gregor Mendel, y su trabajo tardaría 34 años en ser reconocido.
Para quien estudia psicología, Mendel puede parecer un personaje de otra asignatura. No lo es. Cada vez que se habla de la heredabilidad de la inteligencia, de la base genética de la esquizofrenia o de los estudios con gemelos, se está utilizando una lógica que arranca de sus cuadernos de huerto: la idea de que la herencia se transmite en unidades discretas que se combinan según reglas probabilísticas.
En este artículo repasamos su vida, el diseño de sus experimentos, las tres leyes que llevan su nombre, la curiosa historia de su redescubrimiento en 1900 y, sobre todo, cómo su legado conecta con la genética conductual y con debates que cualquier psicólogo encontrará en su práctica.
De Heinzendorf al monasterio de Santo Tomás
Johann Mendel nació el 20 de julio de 1822 en Heinzendorf, en la Silesia austriaca (actual Hynčice, República Checa), en una familia de campesinos. De niño ayudaba a su padre a injertar árboles frutales, una experiencia práctica que no es un detalle menor en su biografía. Estudió en el instituto de Troppau (Opava) y después en el Instituto Filosófico de Olmütz (Olomouc), con enormes dificultades económicas que le provocaron episodios de enfermedad y agotamiento.
En 1843 ingresó en la abadía agustina de Santo Tomás de Brünn, donde recibió el nombre de Gregor. La decisión fue, en buena parte, pragmática: el monasterio le ofrecía estabilidad y acceso a la educación. Y no era un lugar cualquiera. El abad Cyrill Napp fomentaba la investigación agrícola y la abadía contaba con biblioteca, huerto experimental y monjes dedicados a la ciencia y la docencia.
Mendel fue ordenado sacerdote en 1847. Trabajó como profesor suplente, pero en 1850 suspendió el examen oficial para obtener la titulación de profesor de ciencias naturales. Paradójicamente, uno de los peores resultados lo obtuvo en biología. Napp lo envió entonces a la Universidad de Viena entre 1851 y 1853, donde estudió física con Christian Doppler, matemáticas y combinatoria, y botánica con Franz Unger, que defendía que las variedades vegetales surgían por combinación de elementos. Esa formación en física y estadística explica la originalidad de su método.
Por qué eligió el guisante
Entre 1856 y 1863 Mendel cultivó y analizó casi 30.000 plantas de guisante (Pisum sativum) en el huerto de la abadía. La elección de la especie fue una decisión metodológica brillante:
- El guisante se autopoliniza de forma natural, lo que permite obtener líneas puras.
- Se puede polinizar artificialmente abriendo la flor y retirando los estambres antes de que maduren.
- Tiene generaciones cortas y produce muchas semillas por planta.
- Presenta caracteres con variantes claramente distinguibles, sin gradaciones intermedias.
Antes de empezar, Mendel reunió 34 variedades de semillas de distintos proveedores y las cultivó durante dos años para comprobar que se reproducían de forma estable. Solo entonces seleccionó siete caracteres con dos formas alternativas: la forma de la semilla (lisa o rugosa), el color de la semilla (amarillo o verde), el color de la cubierta de la semilla y de la flor, la forma de la vaina (hinchada o estrangulada), el color de la vaina inmadura (verde o amarilla), la posición de las flores (axial o terminal) y la longitud del tallo (alto o enano).
Lo que distinguía su trabajo del de otros hibridadores de la época, como Kölreuter o Gärtner, era que contaba. No describía impresiones generales sobre el parecido entre padres e hijos: registraba cuántos descendientes presentaban cada variante y buscaba proporciones numéricas.
Los resultados: 3:1 y 9:3:3:1
Cuando cruzó plantas de línea pura de semilla lisa con plantas de semilla rugosa, toda la primera generación (F1) salió lisa. El carácter rugoso parecía haber desaparecido. Mendel llamó dominante al rasgo que se manifestaba y recesivo al que quedaba oculto.
Al dejar que esas plantas híbridas se autopolinizaran, el rasgo recesivo reapareció en la segunda generación (F2). En el caso de la forma de la semilla obtuvo 5.474 semillas lisas y 1.850 rugosas, una proporción de 2,96 a 1. Para el color, 6.022 amarillas frente a 2.001 verdes: 3,01 a 1. Los siete caracteres se acercaban a la misma razón de 3:1.
Mendel interpretó este patrón con una hipótesis audaz para su tiempo: cada planta posee dos "elementos" (hoy diríamos alelos) para cada carácter, recibe uno de cada progenitor y solo transmite uno a cada gameto, al azar. Si ambos progenitores híbridos llevan un elemento dominante y uno recesivo, las combinaciones posibles en la descendencia se reparten como 1:2:1, que visualmente se traduce en 3:1.
Después analizó dos caracteres a la vez. Del cruce de plantas con semillas lisas y amarillas con plantas de semillas rugosas y verdes obtuvo, en la F2, 315 lisas amarillas, 108 lisas verdes, 101 rugosas amarillas y 32 rugosas verdes. Es decir, una proporción cercana a 9:3:3:1, exactamente la que se espera si cada carácter se hereda con independencia del otro.
Presentó sus conclusiones el 8 de febrero y el 8 de marzo de 1865, y las publicó en 1866 en las actas de la Sociedad con el título Versuche über Pflanzenhybriden ("Experimentos sobre hibridación de plantas").
Las leyes de Mendel explicadas
Mendel nunca enunció "leyes" con ese nombre; la formulación fue obra de quienes lo redescubrieron, especialmente Carl Correns. En la tradición docente en español suelen presentarse tres.
Primera ley: uniformidad de la primera generación
Cuando se cruzan dos individuos de línea pura que difieren en un carácter, todos los descendientes de la F1 son iguales entre sí. En el ejemplo de la semilla, todos son lisos porque todos llevan un alelo liso y uno rugoso, y el liso domina.
Segunda ley: segregación
Los dos alelos que un individuo posee para un carácter se separan durante la formación de los gametos, de modo que cada gameto lleva solo uno. Por eso el rasgo recesivo puede reaparecer en los nietos aunque los hijos no lo muestren. Esta ley es la más robusta del legado mendeliano: la meiosis, descubierta décadas después, le dio su base física.
Tercera ley: transmisión independiente
Los alelos de caracteres distintos se reparten entre los gametos de forma independiente. Esta ley tiene una excepción importante que Mendel no pudo detectar: los genes situados cerca en el mismo cromosoma tienden a heredarse juntos (ligamiento). William Bateson, Edith Saunders y Reginald Punnett lo observaron en 1905, y Thomas Hunt Morgan lo explicó con sus moscas Drosophila a partir de 1910.
La aportación decisiva de Mendel no fueron los guisantes, sino la idea de que la herencia es particulada: los rasgos no se mezclan como pinturas, se transmiten como fichas que pueden quedar ocultas una generación y reaparecer intactas en la siguiente.
Esta distinción importa. En el siglo XIX predominaba la herencia por mezcla, según la cual los caracteres de los padres se promedian en los hijos. El propio Darwin tenía problemas con ella, porque la mezcla diluiría cualquier variación nueva en pocas generaciones. El modelo de Mendel resolvía el problema, aunque Darwin nunca llegó a conocerlo. Si te interesa ese contexto, puedes repasar la teoría de la evolución biológica y su contraste con la teoría de Lamarck sobre la evolución de las especies, que defendía la herencia de los caracteres adquiridos.
Olvido y redescubrimiento
Un artículo que nadie leyó (o casi)
El trabajo de 1866 se envió a unas 120 bibliotecas y sociedades científicas, y Mendel remitió separatas a varios botánicos. El más influyente fue Carl Nägeli, de Múnich, con quien mantuvo correspondencia. Nägeli no captó la relevancia de los resultados y le sugirió trabajar con la vellosilla (Hieracium). Fue un mal consejo: esa planta se reproduce con frecuencia por apomixis (produce semillas sin fecundación), de modo que los cruces no reproducían las proporciones del guisante. Mendel publicó esos resultados en 1869, desconcertado.
En 1868 fue elegido abad de Santo Tomás y las tareas administrativas absorbieron su tiempo. Pasó sus últimos años enfrentado al gobierno austriaco por un impuesto sobre los bienes monásticos. Siguió registrando datos meteorológicos y trabajó con abejas. Murió el 6 de enero de 1884. Su sucesor quemó parte de sus papeles personales.
¿Por qué pasó desapercibido? Hay varias razones razonables: publicó en una revista local, su enfoque estadístico era ajeno a los botánicos de la época, no existía aún el concepto de cromosoma y el interés científico estaba centrado en la evolución de especies, no en la transmisión de caracteres dentro de una especie.
El redescubrimiento de 1900
En 1900, tres botánicos llegaron por separado a resultados similares y encontraron el artículo de Mendel al revisar la bibliografía: Hugo de Vries en los Países Bajos, Carl Correns en Alemania y Erich von Tschermak en Austria. El británico William Bateson se convirtió en el gran divulgador del mendelismo, tradujo el trabajo al inglés y acuñó el término genética en 1905. Wilhelm Johannsen propuso la palabra gen en 1909.
Entre 1902 y 1903, Walter Sutton y Theodor Boveri propusieron que los "elementos" de Mendel viajaban en los cromosomas, lo que unió la herencia mendeliana con la citología. En 1936, el estadístico Ronald Fisher publicó un análisis en el que sostenía que los datos de Mendel se ajustaban a lo esperado mejor de lo que sería probable por azar. El debate sobre si hubo sesgo inconsciente, selección de datos o intervención de ayudantes sigue abierto, pero nadie discute que sus conclusiones eran correctas.
Mendel ocupa hoy un lugar fijo en cualquier lista de científicos más famosos de la historia, y su abadía en Brno alberga un museo dedicado a su figura.
De los guisantes a la conducta: el puente de Fisher
Aquí aparece el vínculo más directo con la psicología. A principios del siglo XX hubo una fuerte polémica entre mendelianos y biometristas (seguidores de Francis Galton y Karl Pearson). Los primeros estudiaban caracteres discretos; los segundos, rasgos continuos como la estatura o la capacidad intelectual, que se distribuyen según una curva normal. Parecía que la herencia mendeliana no podía explicar la variación continua.
En 1918, Fisher demostró en un artículo sobre la correlación entre parientes que, si un rasgo depende de muchos genes mendelianos con efectos pequeños y aditivos, el resultado es precisamente una distribución continua. Ese trabajo fundó la genética cuantitativa y, con ella, la herramienta estadística que usa la genética conductual para estudiar rasgos psicológicos.
Casi ningún rasgo que interesa a un psicólogo sigue un patrón mendeliano simple. La extraversión, el neuroticismo o la capacidad de razonamiento son poligénicos: dependen de miles de variantes, cada una con un efecto minúsculo, además del ambiente. Por eso, cuando estudies los cinco grandes rasgos de personalidad y leas que tienen una heredabilidad moderada, estás ante el razonamiento de Fisher, no ante una ratio de 3:1.
Genética conductual: gemelos, adopciones y heredabilidad
La genética conductual estima cuánto de la variación de un rasgo en una población se asocia a diferencias genéticas. Su diseño clásico compara gemelos monocigóticos, que comparten prácticamente todo su genoma, con gemelos dicigóticos, que comparten de media el 50 % de las variantes que difieren entre personas. Si los monocigóticos se parecen más que los dicigóticos en un rasgo, se infiere una influencia genética.
Algunos hitos relevantes:
- Francis Galton propuso en 1875 el estudio de gemelos para separar "naturaleza y crianza".
- El Estudio de Minnesota de Gemelos Criados por Separado, dirigido por Thomas Bouchard desde 1979, analizó gemelos separados en la infancia y encontró semejanzas notables en personalidad e intereses.
- El metaanálisis de Polderman y colaboradores (2015), publicado en Nature Genetics, reunió 2.748 publicaciones y más de 14 millones de pares de gemelos, con 17.804 rasgos. La heredabilidad media fue del 49 %, y en la mayoría de rasgos los datos eran compatibles con un modelo de efectos genéticos aditivos.
El concepto de heredabilidad genera muchos malentendidos, también entre profesionales. Conviene recordar tres puntos:
- Es un dato poblacional, no individual. Una heredabilidad del 50 % no significa que la mitad de la inteligencia de una persona venga de sus genes.
- Depende del contexto. Si el entorno se vuelve más homogéneo, la heredabilidad aumenta, porque las diferencias restantes son más genéticas.
- Alta heredabilidad no implica inmutabilidad. La estatura es muy heredable y, aun así, ha aumentado notablemente en muchos países en un siglo por la mejora de la nutrición.
Interacción genes-ambiente: el caso de la fenilcetonuria
El ejemplo más claro de que un rasgo mendeliano no equivale a destino es la fenilcetonuria (PKU). Es un trastorno autosómico recesivo, heredado exactamente como la semilla rugosa de Mendel: los padres portadores no lo manifiestan y cada hijo tiene una probabilidad de uno entre cuatro de heredarlo. Sin tratamiento, la acumulación de fenilalanina provoca discapacidad intelectual grave. Con el cribado neonatal (la "prueba del talón") y una dieta baja en fenilalanina, los niños se desarrollan con normalidad. El gen no cambia; cambia el ambiente, y con él el resultado.
Otros ejemplos mendelianos con relevancia clínica son la enfermedad de Huntington, de herencia autosómica dominante, cuyo gen se identificó en 1993, y el síndrome X frágil, primera causa hereditaria conocida de discapacidad intelectual. En la consulta, el psicólogo puede acompañar a familias que afrontan un test predictivo de Huntington, donde la probabilidad del 50 % de heredarlo es un cálculo mendeliano puro con un enorme peso emocional.
En el terreno de los rasgos complejos, la interacción genes-ambiente ha sido más difícil de demostrar. Los estudios de Avshalom Caspi y colaboradores en 2002 y 2003 sobre el gen MAOA y el maltrato infantil, y sobre el gen transportador de serotonina y el estrés vital, generaron gran entusiasmo, pero muchas replicaciones posteriores no confirmaron los efectos. En 2019, un análisis de Richard Border y colegas con grandes muestras no encontró apoyo para los genes candidatos clásicos de la depresión. Hoy la investigación se apoya en estudios de asociación de genoma completo (GWAS) y en puntuaciones poligénicas, que confirman la visión de Fisher: muchos genes, efectos pequeños.
Lo que un psicólogo puede aprender de Mendel
Más allá de la genética, la trayectoria de Mendel ofrece lecciones de método aplicables a la investigación psicológica:
- Controlar las variables antes de medir. Pasó dos años comprobando que sus líneas eran puras antes de empezar los cruces.
- Elegir un sistema tratable. Estudió caracteres dicotómicos en una especie que se autopoliniza, en lugar de rasgos difusos en organismos complejos.
- Cuantificar. Sus proporciones solo aparecieron porque contó miles de casos.
- Desconfiar de la generalización. El fracaso con Hieracium muestra que un modelo válido en un sistema no se transfiere automáticamente a otro. Lo mismo ocurre cuando se extrapolan resultados de laboratorio a la clínica.
El caso Fisher, además, es un recordatorio útil en plena crisis de replicación: los datos demasiado limpios también merecen escrutinio.
Conclusión
Gregor Mendel demostró que la herencia funciona con unidades discretas que se segregan y se combinan según reglas probabilísticas. Esa idea, ignorada durante 34 años, es la base sobre la que Fisher construyó la genética cuantitativa y, a través de ella, la genética conductual que hoy estima la heredabilidad de la personalidad, la inteligencia o el riesgo de trastornos mentales.
La conclusión práctica para un psicólogo es doble. Por un lado, los rasgos psicológicos tienen una base genética real y medible, y negarlo empobrece la comprensión de los casos. Por otro, casi ninguno se hereda como un guisante: son poligénicos, dependen del contexto y, como muestra la fenilcetonuria, incluso un gen de efecto grande puede neutralizarse con la intervención adecuada. Entender a Mendel sirve, sobre todo, para no confundir herencia con destino.
Preguntas frecuentes
¿Cuáles son las tres leyes de Mendel?
La primera es la ley de la uniformidad de los híbridos de la primera generación; la segunda, la ley de la segregación de los alelos al formar los gametos; y la tercera, la ley de la transmisión independiente de caracteres. Mendel no las formuló como leyes: fueron sistematizadas tras su redescubrimiento en 1900.
¿Por qué Mendel utilizó guisantes en sus experimentos?
El guisante se autopoliniza, lo que permite obtener líneas puras, y también admite polinización artificial controlada. Además tiene ciclos cortos, muchas semillas y caracteres con dos variantes fáciles de distinguir, como semilla lisa o rugosa.
¿Quién redescubrió el trabajo de Mendel?
En 1900 lo redescubrieron de forma independiente Hugo de Vries, Carl Correns y Erich von Tschermak. William Bateson fue su principal divulgador en el mundo anglosajón y acuñó el término genética.
¿Qué relación tiene Mendel con la psicología?
Su modelo de herencia particulada es la base de la genética cuantitativa desarrollada por Ronald Fisher en 1918, que a su vez sustenta la genética conductual. Los estudios de gemelos y las estimaciones de heredabilidad de rasgos psicológicos derivan de esa tradición.
¿Significa una heredabilidad alta que un rasgo no se puede cambiar?
No. La heredabilidad describe qué parte de la variación en una población se asocia a diferencias genéticas en un contexto concreto. Rasgos muy heredables pueden modificarse con cambios ambientales, como ocurre con la fenilcetonuria y la dieta.
Fuentes
- Embryo Project Encyclopedia: Johann Gregor Mendel (1822-1884)
- Mendel, G. (1866). Versuche über Pflanzenhybriden (Electronic Scholarly Publishing)
- Britannica: Experiments with Plant Hybrids
- Polderman et al. (2015). Meta-analysis of the heritability of human traits based on fifty years of twin studies. Nature Genetics