La teoría de los cuatro humores fue uno de los modelos médicos más influyentes de la historia occidental. Durante más de dos mil años se utilizó para explicar la salud, la enfermedad, las diferencias físicas e incluso algunos rasgos del carácter humano.
Según este modelo, el cuerpo contenía cuatro fluidos fundamentales: sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. La salud dependía de que se encontraran en una proporción adecuada, mientras que la enfermedad aparecía cuando uno de ellos aumentaba, disminuía, se corrompía o se desplazaba hacia una parte incorrecta del organismo.
La teoría suele atribuirse a Hipócrates, aunque la historia es más compleja. El sistema quedó formulado en un tratado del Corpus Hippocraticum probablemente escrito por Pólibo, discípulo y yerno de Hipócrates. Posteriormente, Galeno amplió el modelo y lo relacionó de manera sistemática con los cuatro temperamentos. En la actualidad, la teoría humoral carece de validez científica, pero resulta fundamental para comprender la historia de la psicología, la medicina y las primeras clasificaciones de la personalidad.
Qué es la teoría de los cuatro humores
La teoría humoral sostenía que el cuerpo humano estaba compuesto por cuatro fluidos principales, denominados humores:
- Sangre.
- Flema.
- Bilis amarilla.
- Bilis negra.
La palabra humor no tenía entonces el significado actual de comicidad. Procedía del latín humor, relacionado con la humedad o los líquidos corporales.
Dentro de la medicina hipocrática, estos fluidos no se interpretaban únicamente como sustancias anatómicas. Eran principios que explicaban el funcionamiento del organismo, las diferencias individuales, las estaciones, los síntomas y la respuesta a los alimentos o al clima.
La salud se entendía como un equilibrio humoral. La enfermedad no era necesariamente un castigo divino, sino la consecuencia de una alteración natural que podía observarse y tratarse mediante cambios en la dieta, el ejercicio, el descanso, el ambiente o la evacuación de un supuesto exceso de humor.
Esta búsqueda de explicaciones naturales supuso un cambio importante en la historia de la medicina, aunque las sustancias y relaciones propuestas no se correspondan con la fisiología actual.
Origen de la teoría humoral
La teoría surgió en la Antigua Grecia a partir de ideas médicas, filosóficas y cosmológicas anteriores. Los pensadores griegos intentaban explicar la diversidad de la naturaleza mediante un número reducido de elementos básicos.
Empédocles, filósofo del siglo V a. C., propuso que todas las cosas estaban formadas por cuatro raíces o elementos:
- Aire.
- Fuego.
- Tierra.
- Agua.
Cada elemento se relacionó posteriormente con dos cualidades:
- Caliente.
- Frío.
- Seco.
- Húmedo.
Los autores médicos aplicaron esta organización al cuerpo humano. De este modo, cada humor quedó vinculado a un elemento, unas cualidades y una estación del año.
El tratado Sobre la naturaleza del hombre contiene una de las formulaciones clásicas del sistema. Aunque forma parte del Corpus Hippocraticum, la mayoría de los historiadores lo atribuyen a Pólibo y no directamente a Hipócrates.
Por tanto, no es completamente exacto imaginar a Hipócrates creando por sí solo una teoría cerrada y definitiva. La doctrina fue el resultado de una tradición colectiva que evolucionó durante siglos.
Los cuatro humores y sus correspondencias
Las asociaciones entre humores, elementos, estaciones y temperamentos se desarrollaron progresivamente. No todos los autores antiguos utilizaron exactamente el mismo esquema, pero la versión más difundida fue la siguiente:
| Humor | Cualidades | Elemento | Estación | Temperamento asociado |
|---|---|---|---|---|
| Sangre | Caliente y húmeda | Aire | Primavera | Sanguíneo |
| Bilis amarilla | Caliente y seca | Fuego | Verano | Colérico |
| Bilis negra | Fría y seca | Tierra | Otoño | Melancólico |
| Flema | Fría y húmeda | Agua | Invierno | Flemático |
Estas correspondencias permitían construir un sistema global. El cuerpo, la naturaleza, la dieta, el clima y el carácter se interpretaban mediante combinaciones de calor, frío, sequedad y humedad.
La medicina moderna no reconoce estas relaciones como mecanismos biológicos reales. Su interés actual es histórico y cultural.
1. La sangre y el temperamento sanguíneo
La sangre se consideraba caliente y húmeda. Se relacionaba con el aire, la primavera y una etapa de crecimiento y vitalidad.
Se creía que una persona con predominio de sangre presentaba un temperamento sanguíneo. Entre los rasgos atribuidos a este perfil se encontraban:
- Sociabilidad.
- Optimismo.
- Entusiasmo.
- Espontaneidad.
- Energía.
- Expresividad emocional.
- Facilidad para disfrutar.
Un exceso de sangre podía utilizarse para explicar fiebre, enrojecimiento, inflamación, impulsividad o una alegría considerada desproporcionada.
La sangría se convirtió en uno de los tratamientos más conocidos para reducir este supuesto exceso. Podía realizarse mediante cortes, lancetas, ventosas o sanguijuelas.
Aunque la extracción de sangre tiene indicaciones médicas concretas en algunas enfermedades actuales, las sangrías generales basadas en el equilibrio de los humores podían debilitar gravemente al paciente y empeorar su estado.
2. La bilis amarilla y el temperamento colérico
La bilis amarilla se asociaba con el fuego, el verano y las cualidades caliente y seca.
Su predominio daba lugar al temperamento colérico. A estas personas se les atribuían características como:
- Ambición.
- Determinación.
- Rapidez para actuar.
- Irritabilidad.
- Impaciencia.
- Energía intensa.
- Tendencia al enfrentamiento.
La palabra colérico conserva parte de esta herencia, ya que se utiliza para describir a alguien que se enfada con facilidad.
Los médicos antiguos podían relacionar un exceso de bilis amarilla con fiebres, vómitos, inflamaciones, sequedad, agitación o ataques de ira.
Para recuperar el equilibrio se recomendaban alimentos considerados fríos y húmedos, descanso, baños o purgantes destinados a eliminar el humor sobrante.
La asociación directa entre bilis e ira no cuenta con respaldo científico. Las emociones dependen de procesos cerebrales, fisiológicos, psicológicos y sociales mucho más complejos.
3. La bilis negra y el temperamento melancólico
La bilis negra se describía como fría y seca. Se vinculaba con la tierra, el otoño y el temperamento melancólico.
El término melancolía procede de las palabras griegas melaina, negra, y chole, bilis. Para los médicos antiguos, un exceso de bilis negra podía producir tristeza, miedo, retraimiento y pensamientos persistentes.
Al temperamento melancólico se le atribuían rasgos como:
- Tendencia a la reflexión.
- Sensibilidad.
- Prudencia.
- Seriedad.
- Pesimismo.
- Inclinación a la preocupación.
- Creatividad o profundidad intelectual.
La bilis negra plantea un problema histórico particular porque no corresponde claramente a un líquido corporal identificable como la sangre o la bilis amarilla. Pudo relacionarse con sustancias oscuras observadas en vómitos, heces o tejidos enfermos, pero funcionó también como una categoría teórica.
Durante siglos, la melancolía se utilizó para describir estados que hoy podrían relacionarse con depresión, ansiedad, delirios u otras alteraciones. Sin embargo, no puede equipararse directamente con un diagnóstico moderno.
La teoría de la personalidad de Sigmund Freud aparecería muchos siglos después y partiría de conceptos completamente distintos, aunque también intentó explicar la relación entre procesos internos, personalidad y sufrimiento psicológico.
4. La flema y el temperamento flemático
La flema se consideraba fría y húmeda. Se asociaba con el agua, el invierno y el temperamento flemático.
A una persona flemática se le atribuían características como:
- Calma.
- Paciencia.
- Estabilidad.
- Lentitud para reaccionar.
- Prudencia.
- Escasa expresividad.
- Tendencia a evitar conflictos.
El exceso de flema podía utilizarse para explicar mucosidad, congestión, somnolencia, lentitud, apatía o enfermedades que empeoraban durante el invierno.
El término flemático todavía se utiliza para describir a alguien tranquilo, difícil de alterar o poco expresivo.
En la medicina antigua, la flema no se limitaba exactamente al moco que conocemos. Formaba parte de un sistema más amplio y podía representar diferentes fluidos fríos o blanquecinos del organismo.
Eukrasia y discrasia: equilibrio y enfermedad
Los autores hipocráticos utilizaban la idea de eukrasia para describir una combinación adecuada de humores. No implicaba que todos tuvieran que encontrarse en cantidades idénticas, sino que debían guardar una proporción apropiada para cada persona, edad, estación y circunstancia.
La alteración de esa mezcla recibía el nombre de discrasia. Podía deberse a:
- Un exceso de un humor.
- Una cantidad insuficiente.
- Su corrupción.
- Una mezcla inadecuada.
- Su desplazamiento hacia una parte del cuerpo.
- Cambios relacionados con el clima o la estación.
- Una dieta inadecuada.
- Falta o exceso de ejercicio.
El concepto permitía explicar por qué dos personas reaccionaban de manera diferente ante el mismo ambiente o alimento. Cada individuo tendría una constitución humoral propia.
La medicina contemporánea también reconoce diferencias individuales y la importancia de mantener equilibrios fisiológicos, pero utiliza conceptos medibles como la homeostasis, las hormonas, los electrolitos, la inmunidad y el metabolismo. Estas ideas no validan retrospectivamente los cuatro humores.
Cómo se diagnosticaba un desequilibrio humoral
El médico antiguo observaba al paciente, preguntaba por sus hábitos y analizaba los cambios producidos durante la enfermedad.
Podía tener en cuenta:
- Temperatura y color de la piel.
- Sudoración.
- Vómitos.
- Orina y heces.
- Mucosidad.
- Sueño.
- Apetito.
- Estado de ánimo.
- Dolor.
- Estación del año.
- Alimentación.
- Edad y sexo.
- Lugar de residencia.
La observación de la orina llegó a adquirir una gran importancia. Su color, olor y sedimentos se interpretaban como señales del estado de los humores.
Los médicos también estudiaban la evolución temporal. La enfermedad podía atravesar fases de cocción, crisis y evacuación. Una fiebre que terminaba mediante sudor, vómito o diarrea podía interpretarse como la expulsión del humor perjudicial.
Algunos de estos datos continúan siendo clínicamente relevantes, pero la explicación humoral que se les atribuía no era correcta.
Tratamientos basados en los cuatro humores
El tratamiento pretendía restablecer la proporción adecuada de los fluidos. Para ello se utilizaba el principio de los contrarios: una enfermedad considerada caliente podía tratarse con alimentos o ambientes fríos, mientras que una alteración seca podía compensarse mediante sustancias húmedas.
Dieta
La alimentación ocupaba un lugar central. Cada alimento se clasificaba según sus cualidades de calor, frío, humedad y sequedad.
El médico podía modificar la cantidad de comida, las combinaciones, los horarios o la preparación de los alimentos.
Ejercicio y descanso
El movimiento se utilizaba para calentar el cuerpo, favorecer la digestión o eliminar determinados humores. El descanso se indicaba cuando el ejercicio podía aumentar un supuesto exceso de calor o debilitar al paciente.
Sangrías
Las sangrías pretendían reducir la cantidad de sangre o extraer sustancias perjudiciales. Su uso se extendió durante siglos y llegó a aplicarse a enfermedades muy diferentes.
La pérdida innecesaria de sangre podía causar anemia, infecciones, desmayos y un deterioro peligroso.
Purgantes y eméticos
Los purgantes provocaban evacuaciones intestinales y los eméticos inducían el vómito. Se utilizaban para expulsar bilis, flema u otros humores considerados excesivos.
Estas prácticas podían producir deshidratación, desequilibrios minerales y lesiones internas.
Baños, masajes y cambios ambientales
También se recomendaban baños, masajes, reposo, viajes, cambios de clima y ajustes en el sueño o la actividad sexual.
No todos los tratamientos hipocráticos eran agresivos. En muchos casos se priorizaban la dieta, la observación y la espera para que el organismo recuperara su equilibrio.
La relación entre los humores y las estaciones
Las estaciones se consideraban capaces de modificar la mezcla humoral.
La primavera, caliente y húmeda, se asociaba con la sangre. El verano, caliente y seco, favorecía la bilis amarilla. El otoño, frío y seco, se vinculaba con la bilis negra. El invierno, frío y húmedo, se relacionaba con la flema.
El médico debía anticipar qué enfermedades serían más frecuentes en cada momento del año. También adaptaba la alimentación y las actividades a la estación.
Esta preocupación por el ambiente fue una aportación importante. Los autores hipocráticos estudiaron la relación entre salud, clima, agua, vivienda, alimentación y forma de vida.
La medicina moderna confirma que el ambiente puede influir en las enfermedades, pero lo explica mediante microorganismos, contaminación, temperatura, vectores, nutrición, condiciones laborales y otros mecanismos demostrables.
Los cuatro humores y los temperamentos
La relación entre humores y personalidad dio lugar a los cuatro temperamentos clásicos:
- Sanguíneo.
- Colérico.
- Melancólico.
- Flemático.
La idea central era que el humor predominante influía tanto en el cuerpo como en el comportamiento. El temperamento se consideraba una disposición relativamente estable, aunque podía modificarse mediante la edad, la dieta, las estaciones y los hábitos.
Esta clasificación constituye uno de los antecedentes remotos de las principales teorías de la personalidad. También puedes consultar el artículo específico sobre los temperamentos del ser humano para conocer cómo evolucionaron estas cuatro categorías.
Sin embargo, los temperamentos clásicos no deben utilizarse como una prueba psicológica válida. Sus descripciones son amplias y permiten que muchas personas se reconozcan parcialmente en varias categorías.
La psicología contemporánea estudia la personalidad mediante modelos, escalas psicométricas y análisis estadísticos. Incluso estos modelos modernos describen tendencias y no encasillan necesariamente a cada individuo en un único tipo cerrado.
El papel de Galeno en la teoría humoral
El médico griego Galeno, que ejerció en el Imperio romano durante el siglo II d. C., fue decisivo para convertir la teoría humoral en un sistema médico completo.
Galeno estudió los tratados hipocráticos, escribió numerosos comentarios y relacionó los humores con:
- Los elementos.
- Las cualidades.
- Los órganos.
- Las estaciones.
- Las edades.
- Los alimentos.
- Las enfermedades.
- Las disposiciones psicológicas.
También desarrolló la idea de que cada persona poseía una mezcla o temperamento particular. Podían existir combinaciones equilibradas y otras dominadas por una cualidad, como caliente, fría, seca o húmeda.
Los cuatro temperamentos populares representan una simplificación de un sistema galénico mucho más amplio.
La autoridad de Galeno fue tan grande que sus escritos dominaron la medicina europea y mediterránea durante más de un milenio. En ocasiones, las observaciones que contradecían sus ideas se interpretaban como errores antes que como motivos para revisar la teoría.
La transmisión por la medicina árabe e islámica
Tras la Antigüedad, buena parte del conocimiento griego fue traducido, estudiado y ampliado por médicos del mundo islámico.
Autores como Al-Razi y Avicena incorporaron la medicina humoral dentro de sistemas diagnósticos y terapéuticos muy desarrollados. El Canon de medicina de Avicena se convirtió en una obra fundamental tanto en el mundo islámico como en las universidades europeas.
La medicina humoral se combinó con la farmacología, la observación clínica y conocimientos procedentes de otras tradiciones.
Su transmisión demuestra que las ideas médicas no avanzan dentro de una única cultura. Se traducen, reinterpretan y transforman mediante el contacto entre sociedades.
Influencia durante la Edad Media y el Renacimiento
La teoría humoral organizó gran parte de la medicina medieval y renacentista. Los médicos relacionaban los síntomas con el clima, la alimentación, los astros y la constitución individual.
Los calendarios y almanaques indicaban los momentos considerados adecuados para realizar sangrías. Los alimentos se elegían según sus cualidades y el supuesto temperamento del paciente.
El modelo también influyó en el arte y la literatura. Los personajes podían construirse como sanguíneos, coléricos, melancólicos o flemáticos. En las obras de Shakespeare, por ejemplo, las referencias al humor y la melancolía eran comprensibles para el público de la época.
La palabra humor terminó ampliando su significado. Pasó de nombrar líquidos corporales a describir un estado de ánimo y, más adelante, la capacidad para percibir o provocar comicidad.
Influencia de los cuatro humores en la psicología
La teoría humoral fue uno de los primeros intentos sistemáticos de explicar las diferencias individuales mediante causas naturales.
Aunque su base biológica era incorrecta, introdujo ideas que reaparecieron posteriormente:
- Las personas muestran disposiciones relativamente estables.
- El cuerpo y el comportamiento pueden estar relacionados.
- Las diferencias individuales no dependen únicamente de decisiones conscientes.
- El ambiente y los hábitos pueden influir en la conducta.
- Las categorías psicológicas pueden utilizarse para describir patrones.
Durante los siglos XIX y XX aparecieron nuevas tipologías que conservaron indirectamente parte de esta tradición. Autores como Ivan Pavlov, Ernst Kretschmer, William Sheldon y Hans Eysenck propusieron clasificaciones diferentes del temperamento o la personalidad.
Estas teorías ya no se basaban en bilis o flema, pero continuaban buscando relaciones entre constitución física, funcionamiento biológico y comportamiento.
Actualmente, la personalidad no se explica mediante cuatro líquidos corporales. Se estudia mediante la interacción de genética, desarrollo cerebral, aprendizaje, experiencias, relaciones y contexto cultural.
Relación con la salud mental
En la medicina humoral, las alteraciones emocionales también se interpretaban como desequilibrios corporales.
La melancolía se asociaba con bilis negra; la agitación y la ira, con bilis amarilla; la apatía, con flema; y determinados estados eufóricos, con sangre.
Aunque estas explicaciones eran incorrectas, contribuyeron a considerar que el sufrimiento psicológico podía tener causas naturales y debía ser observado y tratado como otros problemas de salud.
Esta idea representó un avance respecto a interpretaciones exclusivamente sobrenaturales. Sin embargo, no debe idealizarse la atención antigua, que también incluyó prácticas dañinas y fuertes prejuicios.
El modelo biopsicosocial actual también considera las dimensiones biológicas, psicológicas y sociales, pero no deriva de la teoría humoral ni confirma sus fluidos. Se basa en investigaciones contemporáneas y en mecanismos que pueden estudiarse científicamente.
Por qué se abandonó la teoría de los cuatro humores
La teoría no desapareció por un único descubrimiento. Fue perdiendo credibilidad a medida que surgieron mejores métodos y explicaciones.
Desarrollo de la anatomía
Las disecciones humanas permitieron conocer órganos, vasos y estructuras con mayor precisión. Muchas afirmaciones heredadas de Galeno resultaron incorrectas.
Descubrimiento de la circulación sanguínea
En el siglo XVII, William Harvey demostró que la sangre circula impulsada por el corazón. Esta explicación era incompatible con varias ideas galénicas sobre su producción y consumo continuo.
Microscopía y teoría celular
El microscopio permitió observar células, tejidos y microorganismos. La enfermedad comenzó a localizarse en alteraciones celulares y anatómicas concretas.
Fisiología y química
La respiración, la digestión, el metabolismo y el sistema nervioso pudieron estudiarse mediante mediciones y experimentos reproducibles.
Teoría microbiana
Louis Pasteur, Robert Koch y otros investigadores demostraron que numerosos trastornos infecciosos están causados por microorganismos específicos y no por una mezcla inadecuada de humores.
Evaluación de los tratamientos
Las sangrías y purgas generalizadas no producían los resultados prometidos y podían aumentar la mortalidad. Los tratamientos comenzaron a compararse mediante observaciones más rigurosas.
El abandono de la teoría muestra cómo funciona la ciencia: un modelo se sustituye cuando otro explica mejor los datos, realiza predicciones más precisas y permite tratamientos más eficaces.
Qué aportó la teoría humoral a la historia de la medicina
Que una teoría sea incorrecta no significa que todos sus elementos históricos carezcan de interés.
La medicina hipocrática ayudó a desarrollar:
- La observación sistemática de síntomas.
- El seguimiento de la evolución de las enfermedades.
- La búsqueda de causas naturales.
- La atención a la dieta y el ambiente.
- La idea de que los pacientes presentan diferencias individuales.
- La importancia del pronóstico.
- El registro de casos clínicos.
- Una concepción profesional de la práctica médica.
El error principal fue interpretar estas observaciones mediante fluidos y cualidades que no representaban la fisiología real.
También resulta importante evitar una visión excesivamente lineal. La medicina antigua contenía teorías diversas y no todos los médicos aceptaban la misma versión de los cuatro humores.
¿Tiene alguna validez científica en la actualidad?
La teoría de los cuatro humores no es una explicación válida de la enfermedad ni de la personalidad.
No existe evidencia de que la salud dependa del equilibrio entre sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. Tampoco se ha demostrado que un predominio de estos supuestos humores produzca los cuatro temperamentos.
Algunas prácticas inspiradas históricamente en el sistema humoral continúan en medicinas tradicionales o alternativas. Su antigüedad no demuestra eficacia.
Los tratamientos como sangrías, purgas o restricciones alimentarias intensas pueden resultar peligrosos si se realizan sin una indicación médica actual.
Existen procedimientos modernos que superficialmente se parecen a prácticas antiguas, como la flebotomía terapéutica. Sin embargo, se utilizan para enfermedades específicas, se basan en mecanismos demostrados y no pretenden equilibrar humores.
Errores frecuentes al explicar esta teoría
Pensar que Hipócrates creó todo el sistema
La teoría se desarrolló a partir de múltiples autores. El texto clásico sobre los cuatro humores probablemente fue escrito por Pólibo y las asociaciones psicológicas fueron ampliadas por Galeno y autores posteriores.
Creer que los temperamentos son diagnósticos actuales
Sanguíneo, colérico, melancólico y flemático son categorías históricas. Pueden utilizarse de forma divulgativa, pero no sustituyen una evaluación psicológica.
Confundir humor con estado de ánimo
En la teoría original, un humor era un fluido o principio corporal. La asociación con el estado emocional apareció por la supuesta influencia de esos líquidos sobre el carácter.
Pensar que la homeostasis confirma los humores
La medicina moderna reconoce que el organismo regula temperatura, glucosa, acidez y otros parámetros. Esto no demuestra que existan los cuatro humores ni que sus proporciones expliquen la enfermedad.
Presentar la teoría como puramente psicológica
El modelo nació como una explicación médica general. Su aplicación a la personalidad fue una parte de un sistema mucho más amplio.
Preguntas frecuentes
¿Qué es la teoría de los cuatro humores de Hipócrates?
Es un modelo médico antiguo según el cual la salud dependía del equilibrio entre sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. Un exceso, una carencia o una mezcla inadecuada de estos fluidos causaría enfermedades y cambios en el temperamento.
¿Cuáles son los cuatro humores y sus temperamentos?
La sangre se asociaba con el temperamento sanguíneo; la bilis amarilla, con el colérico; la bilis negra, con el melancólico; y la flema, con el flemático. Estas correspondencias fueron desarrolladas y sistematizadas especialmente por Galeno y autores posteriores.
¿Hipócrates inventó la teoría de los cuatro humores?
Se atribuye a la tradición hipocrática, pero no puede afirmarse que Hipócrates la creara personalmente. Su formulación clásica aparece en Sobre la naturaleza del hombre, un tratado probablemente escrito por Pólibo.
¿Cómo se trataba el desequilibrio de los humores?
Se utilizaban cambios de dieta, ejercicio, descanso, baños, sangrías, purgantes y eméticos. El objetivo era reducir el humor considerado excesivo o compensar sus cualidades mediante elementos contrarios.
¿La teoría de los cuatro humores sigue siendo válida?
No. La anatomía, la fisiología, la teoría celular, la microbiología y otras ciencias demostraron que las enfermedades no se deben al desequilibrio de estos cuatro fluidos. Su valor actual es histórico.
¿Qué influencia tuvo en la psicología?
Originó la clasificación de los temperamentos sanguíneo, colérico, melancólico y flemático. Fue un antecedente histórico de las teorías de la personalidad, aunque sus fundamentos biológicos no tienen respaldo científico.
Conclusión
La teoría de los cuatro humores interpretaba la salud, la enfermedad y el carácter mediante el equilibrio entre sangre, flema, bilis amarilla y bilis negra. El sistema surgió dentro de la tradición hipocrática y fue ampliado especialmente por Galeno.
Durante siglos orientó diagnósticos, dietas, sangrías, purgas y clasificaciones del temperamento. Su influencia se extendió por la medicina griega, romana, islámica, medieval y renacentista, y dejó huellas duraderas en el lenguaje y la psicología.
La teoría fue abandonada porque no se correspondía con la anatomía ni con los mecanismos reales de la enfermedad. Aun así, su estudio permite comprender uno de los primeros grandes intentos de explicar de forma natural y sistemática la relación entre cuerpo, ambiente, salud y comportamiento.
Fuentes
- National Library of Medicine, Greek Medicine
- [Bujalkova](Hippocrates' humoral pathology in nowadays reflections]([https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov/11802300/)
- [Hajar] Medicine from Galen to the Present: A Short History](https://pmc.ncbi.nlm.nih.gov/articles/PMC8939383/)