Uno de los constructos más importantes de la Psicología moderna es la Inteligencia emocional, ya que se relaciona positivamente con una salud mental y con el éxito en la vida. Por este motivo, los psicólogos utilizan sus técnicas tanto en terapia como en otros ámbitos en los que trabajan: deporte, empresa, educación, entre otros.
¿Te gustaría saber qué es la Inteligencia emocional y cómo mejorarla? En las siguientes líneas encontrarás respuesta a tu curiosidad.
Inteligencia emocional: la importancia de las emociones
Nuestras emociones dan sentido a nuestra vida, y aunque a veces sean placenteras y otras veces no, son una señal de que seguimos vivos, conectados con nosotros mismos y con el mundo que nos rodea. ¿Te imaginas lo que sería nuestra vida sin ellas?
A menudo podemos pensar que somos seres racionales, pero en realidad somos seres emocionales que razonamos. Y eso es así porque a lo largo de la evolución de nuestra especie, las emociones siempre han estado ahí para nosotros y para ayudarnos. Son una guía para nuestro movimiento al darnos información de nuestras necesidades y deseos.
Si te paras a pensar un solo instante, te darás cuenta que incluso las emociones que consideramos negativas están ahí por algo. Por ejemplo el miedo, que nos alerta cuando se acerca una amenaza. Todas nuestras emociones tienen una función, ya sea protegernos del peligro, aclarar nuestros pensamientos, ayudarnos a tomar mejores decisiones…
Las emociones son nuestro GPS
Las emociones son nuestro GPS y gracias a ellas nos dirigimos hacia nuestro interior o hacia nuestro exterior en busca de soluciones. Si logramos sintonizar con ellas y las analizamos, podemos descubrir qué está sucediendo dentro de nosotros y hacia dónde debemos ir. Pero en ocasiones podemos resistirnos, e intentamos alejarnos de ellas, quizás por miedo o por vergüenza. Es justo ahí cuando nos estancamos y nos damos cuenta de lo importante que es gestionarlas.
¿Y cómo podemos aprender a gestionar nuestras emociones correctamente? Desarrollando la Inteligencia emocional, una herramienta muy poderosa que te ayudará a conocerte mejor, a relacionarte de manera positiva con otras personas, a mejorar tu automotivación y la imagen que tienes de ti mismo, y a ser más feliz.
Al fin y al cabo, las emociones nos han ayudado a llegar hasta donde estamos, y es por eso que debemos aprender a convivir con ellas de la mejor manera posible. Encontrar un equilibrio entre lo racional y lo emocional es clave para crecer como persona, pues prestar atención a lo que sentimos no excluye la razón. Mientras la emoción nos informa de algo, es la razón la que nos indica cómo actuar en cada momento.
¿Qué es la Inteligencia emocional?
Pocos temas han despertado tanto interés en la Psicología y el estudio de la felicidad como la Inteligencia emocional. Este concepto, que popularizó Daniel Goleman pero que han desarrollado otros autores como Peter Salovey o John Mayer, ha ido ganando adeptos a lo largo de las últimas décadas. Son muchos los estudios que han demostrado que las personas emocionalmente inteligentes son más sanas tanto física como mentalmente, se adaptan mejor al entorno social y a la convivencia con otras personas, y obtienen mejores resultados en distintos ámbitos de la vida, como el trabajo o el deporte.
Y es que si bien las emociones y la razón deben trabajar siempre juntas, esto no siempre ocurre**. De hecho son frecuentes los conflictos entre nuestro pensamiento racional y nuestros deseos, y en ocasiones esto tiene consecuencias negativas sobre nuestro bienestar**. Incluso las personas más avispadas y con buenos resultados en competencias académicas o laborales pueden tener serios problemas para lidiar con sus conflictos personales o pueden ser incapaces de crear vínculos afectivos saludables con otras personas. Lo que indica que la inteligencia general y la inteligencia emocional no son exactamente lo mismo.
Guía clínica para psicólogos
Inteligencia Emocional
Cómo aplicarla con tus pacientes
Componentes de la Inteligencia emocional
¿Pero qué es exactamente la Inteligencia emocional? El concepto es sencillo de entender, pero no siempre es fácil de aplicar, y puede definirse como la capacidad de reconocer y comprender las emociones propias y ajenas, para poder regularlas y usarlas adecuadamente.
La Inteligencia emocional es una fuente de felicidad y salud, e integra los siguientes componentes.
1. Autoconocimiento
El autoconocimiento, es decir, saber qué estamos sintiendo, es el primer paso para desarrollar la conciencia emocional. Ser conscientes de lo que sentimos nos va a permitir regular nuestras emociones para poder interactuar con otros.
2. Comprensión de las emociones de los demás
La empatía o comprensión de las emociones de los demás también es un elemento básico en el desarrollo de la inteligencia emocional, puesto que somos seres sociales y debemos convivir con otras personas.
3. Regulación emocional
La autorregulación emocional. Dicho de otra forma**, la gestión de lo que estamos sintiendo para poder actuar de una forma más adaptativa.**
4. Motivación
Algunos autores también proponen la automotivación como un componente de la Inteligencia emocional a desarrollar. La automotivación es el motor que nos hace luchar para satisfacer nuestras necesidades, ya sean fisiológicas o psicológicas.
La motivación es importante en cualquier actividad que realicemos, incluso para emprender. Compruébalo en mi artículo «Motivación para emprender: ¿por qué es importante para tu negocio?»
5. Habilidades sociales
Las habilidades sociales, es decir, la capacidad de gestionar las relaciones con los demás solo pueden desarrollarse habiendo dominado los componentes anteriores.
La Inteligencia emocional se puede desarrollar
¿Y sabes qué? Tengo una buena noticia para ti. La inteligencia emocional se puede aprender. Ahora que ya sabes qué es la Inteligencia Emocional y cuáles son sus beneficios, el siguiente paso es ponerla en práctica.
Las emociones gobiernan nuestro día a día
Si hay algo que compartimos todos lo seres humanos, son las emociones, que son las responsables de nuestros mejores y peores momentos. Seguramente cuando escuchas la palabra emoción, piensas en el amor, la soledad, la felicidad o el odio, esos sentimientos fuertes que experimentamos a lo largo de nuestra vida y que nos marcan.
Y es que las emociones gobiernan nuestro día a día, y son la fuerza que nos impulsa en muchos de nuestros comportamientos. Pero, ¿de dónde vienen nuestras emociones?
¿De dónde vienen nuestras emociones?
Las emociones están con nosotros desde que nacemos, incluso antes de que ni siquiera seamos conscientes de ellas. En el desarrollo de nuestro cerebro, se forma antes el sistema límbico, responsable de las emociones, que el córtex cerebral, responsable del pensamiento, la imaginación, el lenguaje o nuestras decisiones.
¿Y por qué son tan importantes para nosotros? Nuestro cerebro está conectado por millones de neuronas para ayudarnos a sobrevivir, ya sea para escapar de las amenazas o buscar recompensas, y las emociones están ahí para avisarnos: son el resultado de los mensajes químicos que envía nuestro cerebro a nuestro cuerpo para comunicarle de que algo le gusta o no.
Neuroquímica de la Inteligencia emocional
Cuando nuestro cerebro detecta una amenaza, libera hormonas relacionadas con el estrés, como la adrenalina o el cortisol, para que nos preparemos para defendernos o para que salgamos lo antes posible de ese lugar, pues estamos en peligro. En cambio, cuando nuestro cerebro se da cuenta de que algo agradable ocurre, por ejemplo, cuando nos dan un abrazo, libera neuroquímicos como la serotonina, la dopamina o la oxitocina, que nos hacen sentir bien, y que nos invitan a experimentar de nuevo esas sensaciones positivas en el futuro.
Evitar peligros y repetir conductas placenteras es algo que nos ha sido muy útil para sobrevivir a lo largo de los siglos, y por eso hemos heredado las emociones de nuestros antepasados.
Imaginación y emoción
Reaccionamos emocionalmente a las cosas que llaman nuestra atención, y una vez que sentimos esa emoción, la usamos para pensar o actuar. Es decir, que la parte emocional de nuestro cerebro se pone en marcha antes que la parte más racional, e incluso puede llegar a dominarla.
Por eso se hace tan difícil controlar nuestras emociones muchas veces. Y es que el cerebro emocional no solo se activa cuando vemos algo, sino también cuando lo imaginamos o lo recordamos, lo que hace que algunas personas se queden enganchadas en alguna emoción del pasado, al recordar el mismo suceso una y otra vez.
Nuestra percepción del mundo mediada por nuestra Inteligencia emocional
Las emociones juegan un rol importantísimo en cómo interpretamos el mundo que nos rodea e influyen en nuestros recuerdos. Pero nuestro cerebro es sabio y no solo actúa respondiendo a un estímulo cuando ya ha ocurrido, sino que crea modelos de la realidad basados en nuestros recuerdos, que nos ayudan a predecir qué podría ocurrir en una situación futura si no tomamos medidas al respecto.
Esto le permite adelantarse a los peligros, e igual que nuestro cerebro debe avisarnos cuando tenemos sed antes de que estemos completamente deshidratados, también debe hacernos sentir miedo cuando llegamos al borde del precipicio y no solo cuando nos hemos caído. Esta cualidad adaptativa de nuestro órgano pensante, nos obliga a gestionar apropiadamente las emociones que sentimos para evitar ser secuestrados por ellas o sentirlas en momentos que no las necesitamos.
Preocuparnos en exceso por el futuro o por el pasado, nos lleva a experimentar estrés, ansiedad o depresión, algo que podemos evitar si nos convertimos en personas emocionalmente inteligentes.
Emociones básicas vs emociones secundarias
Comprender y regular nuestras emociones a través de nuestra conciencia y nuestros comportamientos puede ayudarnos a tomar un mayor control de nuestra vida. Por tanto, uno de los primeros pasos para convertirse en una persona emocionalmente inteligente es comprender las emociones y aprender a diferenciarlas.
Muchos autores coinciden en que hay dos tipos de emociones: las emociones básicas y las secundarias. Las emociones básicas, también llamadas primarias, son seis: el miedo, la ira, la alegría, el asco, la tristeza, y la sorpresa. Estas emociones son innatas y existen en todos los seres humanos independientemente de la cultura en la que se hayan desarrollado. Pueden ser adaptativas o desadaptativas, en función de si encajan con el contexto en el que se están experimentando.
Emociones adaptativas vs desadaptativas
Dicho de otro modo**, las emociones adaptativas responden a una situación actual y nos impulsan a actuar en consecuencia con lo que está ocurriendo, en cambio, las emociones desadaptativas, pese a que pueden aparecer en una situación presente, responden a hechos del pasado y se fundamentan en un aprendizaje anterior, a menudo inconsciente.** Cuando nos encontramos con emociones desadaptativas, nuestro objetivo debe ser siempre sustituirlas por otras más convenientes.
Imagina que te enfadas con algún familiar por algo que te ha dicho. Este enfado puede ser adaptativo siempre y cuando sea momentáneo y te ayude a poner límites ante una situación que no te gusta. Pero si el enfado te dura varios días, entonces es posible que sea desadaptativo, ya que ya no te sirve para protegerte y puede acabar afectando negativamente a la relación que tienes con tu familiar al perder de vista todas las cosas buenas que tiene esa persona.
Las emociones siempre tienen un mensaje para nosotros
Si bien todas las emociones tienen un mensaje para nosotros, a veces nos cuesta ver con claridad qué nos están intentando decir. Eso es porque no siempre conectamos con nuestras emociones primarias, sino que también experimentamos emociones secundarias, aquellas que esconden nuestras verdaderas emociones y tienen que ver con la imagen que tenemos de nosotros mismos y que nacen de la interacción con otras personas. Por eso también se conocen como emociones sociales.
Si vuelves a pensar en el ejemplo anterior e imaginas que llevas un tiempo enfadado con tu familiar, es posible que comiences a sentir culpa por estar así, o quizás comienzas a sentir vergüenza por lo que puedan pensar otros miembros de tu familia respecto a vuestro enfado. Entonces ya no estás experimentando emociones primarias, sino secundarias. Estas emociones secundarias no encajan con tus necesidades y por tanto debes reconocerlas para saber qué te pasa realmente, pues a menudo las utilizamos para apartar de la consciencia el miedo o el dolor, que para nosotros pueden ser más desagradables.
Aprende a identificar las emociones
Ahora que ya sabes que existen distintos tipos de emociones, la próxima vez que detectes que estás sintiendo una emoción, identifícala y piensa en si estás experimentando una emoción primaria o secundaria.
Te dejo este video sobre Inteligencia emocional por si deseas más información al respecto.
Referencias bibliográficas
- Goleman D. (1996) Inteligencia Emocional. Editorial Kairós.
- Ramos N. (2012) Inteligencia Emocional Plena. Editorial Kairós.
- García-Allen J., Regader B., Triglia A. (2018) ¿Qué es la Inteligencia? Del CI a las Inteligencias Múltiples. Neurociencias y Psicología


