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Misofonía: qué es, síntomas, causas y tratamiento

Descubre qué es la misofonía, cuáles son sus síntomas y desencadenantes, en qué se diferencia de la hiperacusia y qué tratamientos se utilizan actualmente.

Misofonía: qué es, síntomas, causas y tratamiento

Escuchar a alguien masticar, respirar, sorber, teclear o hacer pequeños sonidos repetitivos puede resultar simplemente molesto para muchas personas. Sin embargo, para quienes presentan misofonía, determinados estímulos pueden desencadenar una reacción emocional y fisiológica intensa, difícil de ignorar y desproporcionada respecto al volumen real del sonido.

La persona puede experimentar irritación, ira, asco, ansiedad, tensión muscular o una necesidad inmediata de abandonar el lugar. En los casos más intensos, estas respuestas afectan a las comidas familiares, el trabajo, los estudios, las relaciones de pareja o la vida social.

La investigación sobre misofonía es relativamente reciente y todavía existen preguntas abiertas sobre sus mecanismos y tratamiento. Por ello conviene evitar dos extremos: reducirla a una simple manía o, por el contrario, presentar explicaciones neurológicas o tratamientos como si ya existiera un consenso definitivo.

Qué es la misofonía

Un consenso internacional publicado en 2022 definió la misofonía como un trastorno caracterizado por una tolerancia reducida a determinados sonidos o estímulos asociados con ellos.

Los estímulos desencadenantes suelen provocar respuestas emocionales, fisiológicas y conductuales intensas que no aparecen con la misma magnitud en la mayoría de las personas.

Un aspecto especialmente importante es que la reacción no depende necesariamente de que el sonido sea fuerte.

Una persona puede tolerar perfectamente una motocicleta, música a volumen elevado o una aspiradora y, sin embargo, reaccionar intensamente al sonido relativamente suave de alguien masticando.

Por eso, en la misofonía parece tener especial importancia el patrón, el significado y el contexto del estímulo, no únicamente su intensidad acústica.

Qué sonidos provocan misofonía

Los desencadenantes varían considerablemente entre personas.

Sin embargo, muchos de los estímulos descritos con mayor frecuencia son sonidos repetitivos producidos por otras personas.

Por ejemplo:

  • Masticar.
  • Sorber.
  • Tragar.
  • Chasquear los labios.
  • Respirar.
  • Carraspear.
  • Toser.
  • Sonarse la nariz.
  • Tamborilear con los dedos.
  • Mover repetidamente un bolígrafo.
  • Teclear.
  • Hacer clic con un ratón.
  • Golpear una mesa con el pie.

También pueden existir desencadenantes no estrictamente auditivos.

Algunas personas reaccionan ante movimientos asociados al sonido, como observar a alguien masticando, balanceando la pierna o realizando repetidamente determinados gestos.

El consenso científico reconoce precisamente que los estímulos relacionados con la misofonía pueden incluir señales asociadas al sonido y no limitarse exclusivamente a la experiencia acústica.

Síntomas de la misofonía

La reacción puede incluir componentes emocionales, corporales, cognitivos y conductuales.

Reacciones emocionales

Entre las respuestas descritas aparecen:

  • Irritación intensa.
  • Enfado.
  • Ira.
  • Asco.
  • Ansiedad.
  • Angustia.
  • Sensación de impotencia.

La intensidad puede variar desde una molestia manejable hasta un malestar que obliga a abandonar la situación.

Para comprender mejor cómo diferentes emociones pueden mezclarse en una misma experiencia puedes consultar nuestra guía sobre tipos de emociones.

Reacciones fisiológicas

La exposición a un desencadenante también puede ir acompañada de activación corporal.

Por ejemplo:

  • Aumento de tensión muscular.
  • Incremento de la frecuencia cardíaca.
  • Sensación de calor.
  • Sudoración.
  • Presión corporal.
  • Activación general.

La persona puede describir que su cuerpo reacciona antes incluso de tener tiempo para pensar conscientemente sobre el sonido.

Reacciones cognitivas

También pueden aparecer pensamientos como:

  • «No puedo soportarlo.»
  • «Necesito que pare.»
  • «¿Por qué hace ese ruido?»
  • «Tengo que salir de aquí.»

Una característica descrita frecuentemente es la dificultad para dejar de prestar atención al estímulo una vez detectado.

El sonido parece ocupar progresivamente el centro de la atención.

Reacciones conductuales

Para reducir el malestar, algunas personas:

  • Se alejan del lugar.
  • Utilizan auriculares.
  • Evitan comer con otras personas.
  • Piden repetidamente que el sonido se detenga.
  • Reproducen música o ruido ambiental.
  • Evitan determinadas reuniones.
  • Se aíslan.

Estas respuestas pueden proporcionar alivio inmediato, aunque una evitación cada vez más extensa puede terminar interfiriendo considerablemente con la vida cotidiana.

Ejemplo de misofonía

Imaginemos que una persona reacciona especialmente al sonido de masticar.

Durante una comida familiar empieza a escuchar a otra persona comiendo.

Inicialmente aparece irritación.

Después comienza a fijarse cada vez más en el sonido.

La tensión aumenta y aparecen pensamientos como:

«No puedo seguir escuchándolo.»

Finalmente abandona la mesa.

Salir reduce rápidamente el malestar, por lo que la próxima vez puede anticipar la situación y evitar directamente comer con esa persona.

Si este patrón se generaliza, algo aparentemente tan cotidiano como compartir una comida puede convertirse en una fuente importante de conflicto y aislamiento.

La misofonía no es simplemente odiar un sonido

A casi todo el mundo le resultan desagradables determinados ruidos.

El sonido de unas uñas sobre una superficie, una alarma persistente o alguien masticando ruidosamente puede provocar rechazo sin que exista necesariamente misofonía.

La diferencia está en aspectos como:

  • Intensidad de la respuesta.
  • Especificidad de los desencadenantes.
  • Dificultad para ignorarlos.
  • Reacciones fisiológicas.
  • Necesidad de escapar.
  • Interferencia con la vida cotidiana.

Una reacción ocasional de irritación no permite concluir por sí sola que una persona presenta misofonía.

Misofonía e hiperacusia: diferencias

Los dos conceptos se confunden con frecuencia, pero no describen exactamente el mismo fenómeno.

Misofonía

La reacción aparece principalmente ante determinados patrones de sonidos, independientemente de que tengan un volumen elevado.

Por ejemplo, una persona puede reaccionar intensamente ante alguien respirando o masticando.

Hiperacusia

En la hiperacusia existe una tolerancia anormalmente reducida al volumen de determinados sonidos cotidianos.

Sonidos que para otras personas presentan una intensidad normal pueden percibirse como excesivamente fuertes, incómodos o incluso dolorosos.

Existen debates científicos sobre cómo delimitar exactamente diferentes formas de intolerancia al sonido, pero desde una perspectiva práctica conviene distinguir si la reacción depende principalmente de qué sonido es o de cuán intenso se percibe.

Misofonía y fonofobia

La fonofobia se relaciona principalmente con miedo o anticipación ansiosa ante determinados sonidos.

En la misofonía, aunque puede existir ansiedad, son especialmente frecuentes respuestas como irritación, ira o asco.

Una misma persona puede presentar características de diferentes problemas de tolerancia al sonido, por lo que la evaluación debe centrarse en el patrón concreto de síntomas y no únicamente en una etiqueta.

A qué edad aparece la misofonía

El consenso de expertos señala que los síntomas suelen observarse inicialmente durante la infancia o la adolescencia temprana.

Eso no significa que todos los casos comiencen a la misma edad ni que necesariamente se identifiquen en ese momento.

Una persona adulta puede darse cuenta años después de que las dificultades que experimentaba desde joven encajan con lo que actualmente se denomina misofonía.

Por qué algunas personas tienen misofonía

Todavía no existe una explicación única y completamente demostrada.

La investigación estudia diferentes mecanismos relacionados con:

  • Procesamiento auditivo.
  • Atención.
  • Aprendizaje.
  • Respuestas emocionales.
  • Activación fisiológica.
  • Significado atribuido a determinados sonidos.

Probablemente no resulte adecuado explicar todos los casos mediante un único mecanismo.

Sabemos, por ejemplo, que la reacción no puede explicarse simplemente porque el oído detecte un sonido extremadamente intenso, ya que muchos desencadenantes tienen un volumen bajo.

También parece existir una asociación fuerte entre la detección del estímulo y la respuesta emocional y corporal que aparece inmediatamente después.

El contexto puede cambiar la reacción

Una característica interesante de la misofonía es que la reacción ante un sonido puede depender de quién lo produce y en qué situación aparece.

Una persona puede reaccionar mucho más intensamente al sonido de masticar de un familiar que al mismo sonido producido por alguien desconocido.

También puede tolerar una grabación mejor que el sonido producido en directo.

Estas diferencias muestran que el fenómeno no depende únicamente de las propiedades físicas del sonido.

La interpretación, el contexto y el aprendizaje parecen desempeñar un papel relevante.

Misofonía y atención

Cuando aparece un desencadenante, puede resultar muy difícil dejar de prestarle atención.

Esto puede generar un círculo:

  1. Se detecta el sonido.
  2. Aparece malestar.
  3. La atención se dirige todavía más al sonido.
  4. Cada repetición se vuelve más evidente.
  5. Aumenta la activación.
  6. Aparece la necesidad de escapar o detener el sonido.

Este proceso ayuda a entender por qué frases como «simplemente ignóralo» suelen resultar poco útiles.

La persona precisamente tiene dificultades para desplazar la atención una vez activada la respuesta.

Misofonía y pensamientos negativos

Los pensamientos que aparecen frente al desencadenante pueden contribuir a aumentar la activación.

Por ejemplo:

«Esto no va a parar.»

«No lo voy a soportar.»

«Lo está haciendo a propósito.»

No significa que la misofonía se reduzca simplemente a pensamientos irracionales. Sin embargo, trabajar la interpretación del estímulo puede formar parte de algunas intervenciones psicológicas.

Puedes ampliar estrategias cognitivas generales en nuestra guía sobre técnicas para manejar pensamientos negativos.

Cómo afecta la misofonía a las relaciones

Uno de los ámbitos donde puede resultar más problemática es la convivencia.

El desencadenante suele ser producido por otra persona, y esto puede crear malentendidos.

Quien tiene misofonía puede pensar:

«Sabe que me molesta y sigue haciéndolo.»

La otra persona puede pensar:

«No puedo comer o respirar de otra manera.»

Con el tiempo pueden aparecer:

  • Discusiones.
  • Resentimiento.
  • Evitación de comidas compartidas.
  • Distanciamiento.
  • Sensación de incomprensión.

Por eso, además de reducir los síntomas, puede resultar necesario trabajar la comunicación y establecer acuerdos realistas.

Las habilidades socioemocionales pueden ser relevantes cuando el problema está generando dificultades interpersonales.

Misofonía en el trabajo o los estudios

Los desencadenantes también pueden aparecer en espacios donde la persona no controla el entorno.

Por ejemplo:

  • Un compañero que teclea.
  • Alguien que mastica chicle.
  • Una persona que mueve repetidamente un bolígrafo.
  • Ruido de respiración.
  • Sonidos repetitivos en una biblioteca.

La dificultad para concentrarse puede afectar al rendimiento y provocar evitación de determinadas zonas de trabajo o estudio.

Algunas adaptaciones ambientales pueden resultar útiles, aunque depender exclusivamente de evitar cualquier posible desencadenante puede hacer que las limitaciones aumenten progresivamente.

Cómo se evalúa la misofonía

Actualmente no existe una única prueba universal que permita diagnosticarla de manera automática.

La evaluación puede incluir:

  • Entrevista clínica.
  • Identificación de desencadenantes.
  • Tipo de respuesta emocional.
  • Respuesta física.
  • Conductas de evitación.
  • Edad de inicio.
  • Impacto funcional.
  • Presencia de otros problemas psicológicos o auditivos.

También se han desarrollado escalas específicas utilizadas en investigación y clínica, aunque la evaluación de la misofonía continúa evolucionando.

Cuando existen dudas sobre audición, tinnitus, hiperacusia u otros problemas auditivos también puede ser apropiada una valoración por profesionales de audiología u otorrinolaringología.

¿La misofonía tiene tratamiento?

La evidencia terapéutica sigue siendo limitada en comparación con trastornos mucho más estudiados.

Una revisión sistemática publicada en 2023 encontró únicamente un ensayo controlado aleatorizado, un ensayo abierto y una serie de estudios de casos entre la literatura disponible en ese momento.

Por tanto, conviene desconfiar de quien prometa una cura garantizada.

La intervención con mejor respaldo experimental disponible hasta ahora es la terapia cognitivo-conductual, aunque todavía hacen falta más estudios y replicaciones.

Terapia cognitivo-conductual para la misofonía

Un ensayo clínico aleatorizado realizado con adultos encontró mejorías significativas mediante un programa grupal de terapia cognitivo-conductual frente a una lista de espera.

La intervención utilizada incorporó elementos como:

  • Entrenamiento de la atención.
  • Reducción de la activación.
  • Modificación de asociaciones relacionadas con los estímulos.
  • Trabajo sobre las respuestas emocionales.

Los beneficios observados se mantuvieron en el seguimiento realizado un año después del tratamiento.

Estos resultados son prometedores, pero proceden de un número limitado de estudios y no significa que exista un protocolo universal que funcione para todas las personas.

¿Se utiliza exposición para tratar la misofonía?

Esta cuestión requiere especial prudencia.

La exposición utilizada de manera mecánica como «escucha el sonido hasta que deje de molestarte» no debería presentarse como una solución universal.

Las intervenciones estudiadas son más complejas y pueden abordar simultáneamente atención, activación, asociaciones, emociones y estrategias de afrontamiento.

Además, realizar una exposición extremadamente intensa sin una formulación adecuada puede aumentar el malestar y provocar abandono.

El tratamiento debe adaptarse a la persona y a la función que cumplen sus estrategias actuales.

Auriculares y tapones: ¿ayudan o empeoran la misofonía?

Los auriculares, tapones o ruido ambiental pueden ser útiles como herramientas de manejo en determinados momentos.

Por ejemplo, pueden facilitar:

  • Trabajo concentrado.
  • Viajes.
  • Situaciones excepcionalmente difíciles.

Sin embargo, si se convierten en la única estrategia y la persona intenta bloquear permanentemente cualquier desencadenante, la vida puede organizarse cada vez más alrededor de la evitación.

No existe una regla universal de «nunca uses tapones» o «úsalos siempre».

La estrategia debe valorarse según la intensidad del problema, el contexto y los objetivos terapéuticos.

¿Existen medicamentos para la misofonía?

Actualmente no existe un medicamento aprobado específicamente para tratar la misofonía.

La literatura incluye algunos informes de casos en los que se han utilizado fármacos, pero la evidencia es demasiado limitada para considerar que exista un tratamiento farmacológico estándar.

Cuando una persona presenta además ansiedad, depresión, TOC u otro problema clínico, un médico puede valorar tratamiento para esas condiciones cuando esté indicado.

Eso es diferente de afirmar que existe una medicación específica contra la misofonía.

Qué puedes hacer si determinados sonidos te provocan una reacción intensa

Además de solicitar evaluación cuando existe una interferencia importante, algunas medidas pueden ayudar a comprender mejor el problema.

Identifica los desencadenantes

Anota:

  • Qué sonido apareció.
  • Quién lo produjo.
  • Contexto.
  • Intensidad de la reacción.
  • Emoción principal.
  • Qué hiciste después.

Esto permite observar patrones.

Diferencia molestia de incapacidad

Intenta valorar la intensidad de la reacción del 0 al 10.

No todos los desencadenantes necesitan la misma estrategia.

Observa la anticipación

A veces el malestar empieza antes del sonido.

Por ejemplo, una persona puede sentarse a comer y comenzar inmediatamente a vigilar cuándo empezará a masticar otra persona.

Esta anticipación puede convertirse en parte importante del problema.

Reduce los conflictos innecesarios

Explicar el problema suele ser más eficaz que esperar que los demás comprendan automáticamente la reacción.

Por ejemplo:

«Sé que no lo haces a propósito. Algunos sonidos me producen una respuesta muy intensa y estoy intentando aprender a manejarla.»

Busca ayuda si tu vida empieza a organizarse alrededor de la evitación

Si has dejado de comer con familiares, acudir a clases, trabajar junto a otros o mantener relaciones por miedo a los desencadenantes, puede ser apropiado buscar evaluación profesional.

Qué no hacer ante una persona con misofonía

Provocar deliberadamente el sonido

Repetir un desencadenante «para gastarle una broma» puede producir un malestar real y deteriorar la relación.

Decir simplemente que lo ignore

La dificultad para retirar la atención del estímulo forma parte precisamente de la experiencia descrita por muchas personas.

Modificar toda la vida familiar alrededor de los desencadenantes

En el extremo contrario, intentar eliminar absolutamente cualquier posible sonido también puede resultar problemático.

El objetivo debería ser encontrar estrategias sostenibles.

Asumir que toda irritación con sonidos es misofonía

Es necesario valorar intensidad, patrón e interferencia funcional.

Cuándo consultar con un profesional

Puede ser recomendable buscar ayuda cuando:

  • Los desencadenantes provocan reacciones muy intensas.
  • Evitas actividades importantes.
  • Existen conflictos familiares frecuentes.
  • Te cuesta trabajar o estudiar.
  • La anticipación de los sonidos genera ansiedad significativa.
  • Reaccionas de una manera que después lamentas.
  • El problema está empeorando progresivamente.

Una evaluación también puede ayudar a diferenciar misofonía de hiperacusia, problemas auditivos y otras condiciones que puedan contribuir a la sensibilidad al sonido.

Preguntas frecuentes

¿Qué es la misofonía?

La misofonía es una tolerancia reducida a determinados sonidos o estímulos asociados con ellos. Los desencadenantes pueden provocar respuestas emocionales, fisiológicas y conductuales intensas que pueden interferir con la vida cotidiana.

¿Cuáles son los sonidos más habituales en la misofonía?

Entre los más frecuentes se encuentran masticar, sorber, respirar, tragar, chasquear los labios, carraspear y otros sonidos repetitivos producidos por personas. Sin embargo, los desencadenantes varían mucho entre individuos.

¿Cuál es la diferencia entre misofonía e hiperacusia?

En la misofonía la reacción depende especialmente del patrón o significado de sonidos concretos y no necesariamente de su volumen. En la hiperacusia, sonidos cotidianos de determinada intensidad pueden percibirse como excesivamente fuertes, incómodos o dolorosos.

¿La misofonía tiene cura?

Actualmente no existe una cura universal respaldada por evidencia suficiente. La terapia cognitivo-conductual cuenta con resultados prometedores, pero la investigación sobre tratamientos continúa siendo limitada y hacen falta más estudios.

¿La misofonía se trata con medicamentos?

No existe actualmente un medicamento específico aprobado para la misofonía. Puede utilizarse tratamiento farmacológico para otros problemas coexistentes cuando un médico lo considera indicado, pero eso no constituye un tratamiento farmacológico específico de la misofonía.

¿Qué profesional trata la misofonía?

Dependiendo de los síntomas puede intervenir un psicólogo o psiquiatra con experiencia en problemas de tolerancia al sonido. Si existen dudas sobre audición, tinnitus o hiperacusia también puede ser útil una evaluación audiológica u otorrinolaringológica.

Conclusión

La misofonía es mucho más que sentir antipatía por un ruido. Determinados sonidos específicos pueden desencadenar ira, asco, ansiedad, activación física y una fuerte necesidad de escapar, incluso cuando tienen una intensidad acústica baja.

Los desencadenantes más conocidos incluyen sonidos relacionados con masticación, respiración y otros comportamientos humanos repetitivos, aunque existe una gran variabilidad individual.

También es importante diferenciarla de la hiperacusia. En esta última, el problema está especialmente relacionado con la intensidad percibida de los sonidos, mientras que en la misofonía tienen un papel central el patrón y significado de determinados estímulos.

La investigación continúa evolucionando. La terapia cognitivo-conductual dispone actualmente de los resultados experimentales más prometedores, pero todavía existen pocos ensayos controlados y no puede hablarse de un tratamiento universal.

Cuando la sensibilidad a determinados sonidos comienza a limitar relaciones, estudios, trabajo o actividades cotidianas, una evaluación profesional puede ayudar a comprender qué está ocurriendo y diseñar estrategias que permitan reducir la interferencia sin organizar progresivamente toda la vida alrededor de la evitación.

Referencias

Jonathan García-Allen

Autor

Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona, cofundador de Psicología y Mente y estratega digital especializado en proyectos de salud mental.

Trayectoria, libros y perfiles verificables

Revisión profesional

Javier Ares Arranz

Psicólogo General Sanitario · colegiado M-31669.

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