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Los 12 experimentos psicológicos más perturbadores de la historia

Descubre 12 de los experimentos psicológicos más perturbadores de la historia, desde Milgram y Stanford hasta Little Albert, Harlow y la indefensión aprendida.

Los 12 experimentos psicológicos más perturbadores de la historia

La historia de la Psicología incluye investigaciones que transformaron nuestra comprensión del comportamiento humano, pero también estudios que actualmente resultan difíciles de justificar desde un punto de vista ético. Engaño intenso, estrés psicológico, ausencia de consentimiento informado, exposición de menores a situaciones perjudiciales y procedimientos invasivos con animales aparecen en algunos de los experimentos más conocidos del siglo XX.

Los experimentos psicológicos más perturbadores de la historia no deberían presentarse únicamente como relatos morbosos. Muchos son importantes precisamente porque permiten entender cómo evolucionaron la ética científica, los procesos de consentimiento, la evaluación de riesgos y la protección de los participantes.

Además, algunos de estos estudios han sido simplificados durante décadas. En ciertos casos, las conclusiones populares son más contundentes de lo que permiten afirmar los datos originales. Por eso conviene distinguir entre lo que ocurrió realmente, la interpretación que se hizo en su momento y las críticas metodológicas posteriores.

¿Por qué algunos experimentos psicológicos antiguos serían difíciles de realizar hoy?

Actualmente, una investigación con seres humanos debe superar controles éticos que valoran cuestiones como:

  • Consentimiento informado.
  • Riesgos físicos y psicológicos.
  • Derecho a abandonar el estudio.
  • Confidencialidad.
  • Utilización justificada del engaño.
  • Información posterior o debriefing.
  • Protección de poblaciones vulnerables.
  • Relación entre riesgos y beneficios científicos.

En investigación con animales también existen normas destinadas a reducir sufrimiento, utilizar alternativas cuando sea posible y justificar científicamente los procedimientos.

Buena parte de estas garantías se desarrollaron o reforzaron precisamente porque la historia de la investigación mostró qué podía ocurrir cuando el interés científico se colocaba por encima del bienestar de los participantes.

Los 12 experimentos psicológicos más perturbadores de la historia

1. El experimento de obediencia de Stanley Milgram

Entre 1961 y 1963, Stanley Milgram desarrolló en la Universidad de Yale una serie de estudios destinados a analizar hasta qué punto una persona obedecería las órdenes de una autoridad cuando estas parecían perjudicar a otra persona.

Los participantes creían formar parte de un experimento sobre aprendizaje y memoria. Se les asignaba el papel de profesor y se les pedía administrar supuestas descargas eléctricas a otra persona cada vez que cometía un error.

En realidad, las descargas no existían y el supuesto alumno era un cómplice del investigador.

La máquina mostraba niveles que aumentaban progresivamente hasta alcanzar 450 voltios, acompañados de etiquetas que sugerían un peligro creciente.

El participante escuchaba protestas, quejas de dolor y finalmente silencio, pero el experimentador insistía mediante instrucciones estandarizadas para que continuara.

En la condición más famosa, aproximadamente el 65 % de los participantes llegó hasta el nivel máximo.

El estudio mostró hasta qué punto una situación estructurada alrededor de una autoridad legítima puede favorecer conductas que entran en conflicto con las preferencias personales del individuo.

Sin embargo, el experimento provocó intenso estrés emocional en algunos participantes y planteó debates sobre engaño, consentimiento y derecho efectivo a abandonar la investigación.

También es importante evitar una interpretación simplista: Milgram realizó numerosas variantes y la obediencia cambió considerablemente dependiendo de factores como la proximidad de la víctima, la presencia de otros participantes desobedientes o la autoridad percibida del experimentador.

2. El experimento de la prisión de Stanford

En 1971, Philip Zimbardo y su equipo instalaron una prisión simulada en el sótano del Departamento de Psicología de la Universidad de Stanford.

Veinticuatro estudiantes varones fueron seleccionados y asignados aleatoriamente al papel de guardia o prisionero.

El experimento estaba previsto para durar dos semanas, pero fue interrumpido después de seis días.

Según el relato clásico, los guardias desarrollaron comportamientos progresivamente abusivos y algunos prisioneros mostraron importantes reacciones emocionales.

Durante décadas se presentó como una demostración del poder de los roles sociales y las situaciones institucionales para transformar rápidamente el comportamiento.

Sin embargo, investigaciones posteriores han cuestionado seriamente esta interpretación.

Se ha señalado que algunos guardias recibieron orientaciones sobre el tipo de comportamiento que se esperaba de ellos, que existieron diferencias importantes entre participantes y que el diseño carecía de controles adecuados para sostener algunas de las conclusiones ampliamente divulgadas.

Por tanto, el experimento sigue siendo relevante desde el punto de vista histórico y ético, pero actualmente se considera problemático utilizarlo como prueba definitiva de que cualquier persona se vuelve abusiva simplemente al recibir autoridad.

3. Little Albert: el condicionamiento del miedo en un bebé

En 1920, John B. Watson y Rosalie Rayner publicaron uno de los estudios más famosos del conductismo: el experimento conocido como Little Albert.

El participante era un bebé de aproximadamente nueve meses cuando comenzó el estudio.

Inicialmente, Albert no mostraba un miedo importante hacia una rata blanca. Los investigadores empezaron entonces a presentar el animal mientras producían detrás del niño un sonido fuerte golpeando una barra metálica.

Después de varias asociaciones, el niño empezó a mostrar miedo ante la rata incluso sin el ruido.

También se observaron respuestas ante algunos objetos peludos similares, un fenómeno interpretado como generalización del miedo.

Watson y Rayner querían demostrar que determinadas respuestas emocionales podían adquirirse mediante condicionamiento clásico.

El problema ético resulta evidente desde una perspectiva contemporánea: los investigadores indujeron deliberadamente miedo en un bebé y no existe evidencia de que realizaran posteriormente un procedimiento sistemático para eliminar aquella respuesta condicionada.

El caso se utiliza actualmente tanto para enseñar principios básicos del aprendizaje como para explicar la evolución de la ética de la investigación con menores.

4. Los experimentos de Harry Harlow sobre privación materna

Durante las décadas de 1950 y 1960, Harry Harlow realizó una serie de estudios con monos rhesus destinados a investigar el apego y la importancia del contacto afectivo.

Uno de sus diseños más conocidos utilizaba dos madres artificiales:

  • Una estructura de alambre que podía proporcionar alimento.
  • Una figura recubierta de tela suave que proporcionaba contacto físico.

Los monos pasaban mucho más tiempo junto a la madre de tela, incluso cuando el alimento procedía de la estructura de alambre.

Estos resultados cuestionaron las explicaciones que reducían el vínculo entre madre y cría simplemente a la alimentación.

Sin embargo, Harlow también llevó a cabo procedimientos mucho más extremos.

Algunos animales fueron criados en aislamiento social severo y otros permanecieron durante periodos prolongados en dispositivos destinados a estudiar los efectos de la privación social.

Los monos podían desarrollar importantes alteraciones conductuales y sociales.

Aunque estos trabajos contribuyeron al conocimiento sobre apego y privación temprana, hoy son uno de los ejemplos históricos más utilizados para debatir los límites éticos de la experimentación animal.

5. Los experimentos de indefensión aprendida de Seligman y Maier

En la década de 1960, Martin Seligman y Steven Maier desarrollaron experimentos con perros para investigar cómo la exposición a acontecimientos incontrolables podía modificar posteriormente la conducta.

En algunas condiciones, los animales recibían descargas eléctricas de las que no podían escapar.

Posteriormente eran colocados en una situación en la que sí existía una posibilidad relativamente sencilla de evitar el estímulo desagradable.

Algunos de los animales previamente expuestos a falta de control mostraban una reducción importante de los intentos de escapar.

Este fenómeno fue denominado indefensión aprendida.

El concepto tuvo una influencia enorme en la Psicología y posteriormente fue utilizado como modelo para estudiar aspectos relacionados con motivación, aprendizaje y depresión.

Sin embargo, los procedimientos originales provocaban un sufrimiento animal considerable y resultarían muy difíciles de justificar bajo los estándares actuales.

Además, la teoría evolucionó posteriormente. Los propios investigadores y otros científicos han revisado las explicaciones neurobiológicas y psicológicas originales de la indefensión aprendida.

6. El Monster Study de Wendell Johnson

En 1939, investigadores vinculados a Wendell Johnson en la Universidad de Iowa realizaron un controvertido estudio con niños de un orfanato.

La investigación estaba relacionada con el origen y desarrollo de la tartamudez.

Los menores fueron divididos en grupos y recibieron diferentes tipos de retroalimentación sobre su manera de hablar.

Mientras algunos recibían comentarios positivos, otros eran corregidos y advertidos sobre supuestos problemas de fluidez.

La investigación pasó a conocerse posteriormente como Monster Study, un nombre que refleja el rechazo ético que provocó cuando se hizo ampliamente conocido.

La principal preocupación es que niños vulnerables fueron sometidos a intervenciones negativas sobre su habla sin un consentimiento comparable al que actualmente se exigiría.

Aunque existen debates sobre la magnitud y duración exactas de los efectos producidos, el estudio representa uno de los ejemplos más notorios de investigación psicológica problemática con menores institucionalizados.

7. Los estudios de expresión facial de Carney Landis

En 1924, el psicólogo Carney Landis realizó una investigación destinada a estudiar si distintas emociones producían expresiones faciales universales identificables.

Los participantes eran expuestos a diversas situaciones diseñadas para provocar reacciones emocionales mientras eran fotografiados.

Algunas tareas eran relativamente inocuas. Otras eran considerablemente más desagradables.

El procedimiento más conocido consistía en pedir a los participantes que decapitaran una rata viva.

Muchos se mostraron incómodos o se negaron inicialmente. En determinados casos, Landis terminaba realizando el procedimiento.

El estudio no consiguió identificar una expresión facial universal específica para cada emoción de la manera esperada.

Resulta especialmente inquietante porque ilustra cómo una investigación aparentemente centrada en expresiones faciales terminó incluyendo una tarea extrema con dudosa necesidad científica y graves problemas de bienestar animal.

8. El experimento de Hofling sobre obediencia de enfermeras

En 1966, Charles Hofling y colaboradores investigaron la obediencia en un contexto hospitalario real.

Una persona que se presentaba como médico llamaba por teléfono a una enfermera y le pedía administrar a un paciente una dosis de un medicamento ficticio superior al máximo indicado en la etiqueta.

La instrucción vulneraba varias normas hospitalarias.

A pesar de ello, 21 de las 22 enfermeras estudiadas comenzaron el procedimiento para administrar la medicación antes de que un observador interviniera.

El experimento resulta especialmente llamativo porque la situación no se desarrollaba en un laboratorio convencional. Las enfermeras creían estar actuando dentro de su trabajo habitual.

El estudio ayudó a mostrar el peso que puede tener una jerarquía profesional sobre la conducta incluso cuando una orden contradice normas establecidas.

Desde una perspectiva ética moderna, el engaño dentro de un entorno asistencial real y la utilización de trabajadores que no sabían que participaban en una investigación plantean problemas importantes.

Estos resultados pueden relacionarse con otros procesos analizados dentro de la teoría de la influencia social⁠.

9. El experimento de conformidad de Solomon Asch

Los estudios de Solomon Asch son considerablemente menos dañinos que otros incluidos en esta lista, pero resultan psicológicamente inquietantes por lo que muestran sobre la presión social.

Los participantes tenían que identificar cuál de tres líneas coincidía en longitud con una línea de referencia.

La respuesta era normalmente evidente.

Sin embargo, el participante estaba rodeado de cómplices que, durante determinados ensayos, daban de manera unánime una respuesta incorrecta.

En los ensayos críticos, aproximadamente un tercio de las respuestas de los participantes reales se ajustaron a la mayoría incorrecta, y alrededor de tres cuartas partes se conformaron al menos una vez.

El estudio mostró que una mayoría unánime puede ejercer presión incluso cuando la persona dispone de evidencia perceptiva bastante clara.

Algunas personas empezaban a dudar de su propio juicio y otras sabían que el grupo estaba equivocado, pero preferían no separarse públicamente de él.

Puedes profundizar en el procedimiento, las variantes y sus resultados en nuestro artículo sobre el experimento de conformidad de Asch⁠.

10. El experimento de la Tercera Ola de Ron Jones

En 1967, el profesor estadounidense Ron Jones desarrolló una experiencia educativa conocida como The Third Wave con estudiantes de un instituto de California.

Jones quería explicar cómo podían surgir movimientos autoritarios y cómo personas corrientes podían llegar a participar en ellos.

Durante varios días introdujo progresivamente:

  • Disciplina estricta.
  • Saludos específicos.
  • Lemas colectivos.
  • Normas de pertenencia.
  • Identificación del grupo.
  • Vigilancia entre estudiantes.

El movimiento creció rápidamente y algunos alumnos empezaron a mostrar una fuerte implicación y a informar sobre compañeros que incumplían las reglas.

Jones terminó revelando que no existía ningún movimiento político real y que la experiencia había sido creada para demostrar el atractivo psicológico de la disciplina, la pertenencia y la obediencia.

Aunque técnicamente fue una experiencia pedagógica más que un experimento científico controlado, suele incluirse en recopilaciones sobre estudios psicológicos perturbadores por el grado de manipulación grupal que implicó.

Desde estándares actuales, realizar una intervención semejante con estudiantes sin consentimiento ni supervisión ética sería extremadamente problemático.

11. El experimento de Robbers Cave

En 1954, Muzafer Sherif y colaboradores realizaron un estudio con niños en un campamento de verano en Oklahoma destinado a investigar el origen de los conflictos entre grupos.

Los niños fueron divididos en dos grupos que desarrollaron identidades propias.

Posteriormente, los investigadores introdujeron competiciones por premios y recursos.

La rivalidad aumentó rápidamente y aparecieron:

  • Insultos.
  • Hostilidad.
  • Estereotipos negativos.
  • Ataques contra pertenencias del otro grupo.

Después, los investigadores introdujeron metas supraordenadas, es decir, problemas que solo podían resolverse mediante cooperación entre ambos grupos.

Esto contribuyó a reducir progresivamente la hostilidad.

El estudio influyó enormemente en las teorías sobre conflicto intergrupal.

Sin embargo, los participantes eran menores que creían encontrarse simplemente en un campamento y desconocían hasta qué punto las situaciones estaban siendo manipuladas por los investigadores.

El experimento muestra la rapidez con la que la competición puede fomentar una división entre nosotros y ellos cuando existe una identidad grupal fuerte.

Este mecanismo guarda relación con otros procesos de presión social⁠ e influencia dentro de los grupos.

12. Los experimentos de aislamiento sensorial de Donald Hebb

Durante la década de 1950, Donald Hebb y colaboradores investigaron los efectos de una reducción extrema de estimulación sensorial.

Estudiantes universitarios permanecían durante largos periodos en habitaciones con muy poca estimulación.

Utilizaban elementos diseñados para limitar la percepción habitual, como visores translúcidos y material que reducía el contacto táctil.

El objetivo era estudiar qué ocurría cuando el cerebro recibía una cantidad muy reducida de información externa.

Los participantes podían experimentar:

  • Dificultades de concentración.
  • Alteraciones cognitivas.
  • Irritabilidad.
  • Inquietud.
  • Percepciones extrañas.
  • Imágenes o experiencias similares a alucinaciones.

Muchos tuvieron dificultades para permanecer durante periodos prolongados en esas condiciones.

Los estudios fueron relevantes para comprender la necesidad de estimulación ambiental, pero también provocaron interés en posibles aplicaciones de aislamiento y privación sensorial dentro de interrogatorios, una cuestión que posteriormente generó importantes debates éticos y políticos.

Qué tienen en común estos experimentos

Aunque los diseños son muy distintos, aparecen varios patrones repetidos.

Utilización del engaño

Milgram, Asch, Hofling y otros estudios dependían de que el participante desconociera el verdadero objetivo de la investigación.

El engaño todavía puede utilizarse en investigación psicológica contemporánea, pero debe estar científicamente justificado y sujeto a controles éticos mucho más estrictos.

Dificultad para abandonar

Un consentimiento verdaderamente voluntario exige que la persona pueda retirarse sin sufrir presión indebida.

En algunos estudios históricos, la autoridad del investigador hacía que abandonar pudiera resultar psicológicamente difícil incluso aunque teóricamente fuera posible.

Participantes vulnerables

Niños, menores institucionalizados y personas que desconocían que estaban siendo estudiadas aparecen en varios de estos casos.

Actualmente existe una protección especial para poblaciones vulnerables.

Sufrimiento innecesario

Los experimentos con Harlow, Seligman y Landis muestran especialmente los problemas históricos relacionados con la utilización de animales.

Hoy los investigadores deben justificar los procedimientos y aplicar principios destinados a reemplazar animales cuando sea posible, reducir su número y refinar los métodos para minimizar el sufrimiento.

¿Fueron inútiles estos experimentos?

No necesariamente.

Ser éticamente problemático no significa automáticamente que un estudio carezca de valor científico.

Milgram transformó la investigación sobre obediencia. Asch contribuyó a comprender la conformidad. Harlow influyó en el estudio del apego. Sherif ayudó a explicar el conflicto intergrupal.

Pero el valor científico tampoco justifica cualquier procedimiento.

Esta es precisamente una de las grandes lecciones de la historia de la Psicología: una investigación puede plantear una pregunta importante y, al mismo tiempo, utilizar métodos que hoy consideraríamos inaceptables.

Experimentos famosos que también tienen problemas metodológicos

Otro error consiste en asumir que un experimento famoso es necesariamente una demostración científica perfecta.

El caso de Stanford es especialmente importante.

Durante años se popularizó la idea de que los participantes se transformaron espontáneamente en guardias crueles y prisioneros sumisos únicamente por asumir determinados roles.

El análisis posterior de documentos y grabaciones ha mostrado una situación más compleja, incluyendo indicaciones proporcionadas a algunos guardias y una considerable variabilidad en su comportamiento.

Esto no elimina el valor histórico del episodio, pero sí obliga a ser prudentes con afirmaciones como cualquiera puede convertirse automáticamente en un torturador si recibe un uniforme.

La ciencia progresa también revisando críticamente sus experimentos más famosos.

La influencia social detrás de muchos de estos estudios

Milgram, Asch, Hofling, Stanford y la Tercera Ola tienen algo en común: muestran diferentes formas en las que el contexto social puede modificar el comportamiento.

No todos estudian exactamente el mismo fenómeno.

  • Asch estudió principalmente conformidad.
  • Milgram estudió obediencia a la autoridad.
  • Hofling trasladó la obediencia a un contexto hospitalario.
  • Stanford pretendía estudiar roles institucionales.
  • La Tercera Ola exploró de forma informal disciplina e identificación grupal.

La influencia social tampoco significa que las personas carezcan de voluntad propia.

En muchos de estos estudios hubo participantes que se resistieron, abandonaron o actuaron de manera distinta a la mayoría.

Precisamente por eso, una de las preguntas más interesantes de la Psicología social no es solo por qué obedecemos o nos conformamos, sino qué condiciones facilitan la resistencia a la presión del grupo.

Cómo cambiaron las normas éticas de investigación

La ética de investigación contemporánea se apoya en principios como:

Consentimiento informado

El participante debe conocer información suficiente para decidir si quiere participar, salvo excepciones muy justificadas relacionadas con determinados diseños experimentales.

Riesgo proporcional

Los riesgos deben minimizarse y ser razonables en relación con el potencial valor científico del estudio.

Derecho a retirarse

Una persona debe poder abandonar una investigación sin consecuencias indebidas.

Protección de la privacidad

Los datos recogidos deben tratarse con garantías adecuadas.

Debriefing

Cuando se utiliza engaño, suele ser necesario explicar posteriormente la verdadera naturaleza del estudio y resolver posibles efectos derivados de la participación.

Revisión independiente

Los proyectos de investigación con participantes humanos suelen necesitar evaluación previa por un comité de ética o sistema equivalente.

Estos mecanismos no garantizan que nunca se produzcan problemas, pero reducen considerablemente la posibilidad de repetir algunos de los abusos que aparecen en la historia de la investigación.

¿Se podrían repetir hoy los experimentos de Milgram o Asch?

No necesariamente en su forma original.

El experimento de Asch implica un nivel de riesgo relativamente bajo y se han realizado numerosas adaptaciones y réplicas bajo protocolos éticos contemporáneos.

Milgram resulta más complicado porque una parte esencial del procedimiento consistía en convencer al participante de que podía estar causando un daño grave a otra persona.

Investigadores posteriores han creado versiones modificadas para estudiar la obediencia reduciendo considerablemente el nivel de estrés y estableciendo límites más estrictos.

La investigación actual intenta conservar la pregunta científica sin reproducir innecesariamente las condiciones más problemáticas del estudio original.

Por qué siguen estudiándose estos experimentos

Estos estudios siguen apareciendo en manuales de Psicología porque permiten comprender simultáneamente dos historias.

Por un lado, la evolución del conocimiento sobre:

  • Obediencia.
  • Conformidad.
  • Apego.
  • Aprendizaje.
  • Conflicto entre grupos.
  • Influencia social.

Por otro, muestran la evolución de la propia ciencia y de sus límites éticos.

Estudiarlos críticamente permite comprender que el objetivo de la investigación no es únicamente obtener conocimiento, sino obtenerlo mediante procedimientos científicamente sólidos y éticamente defendibles.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el experimento psicológico más perturbador de la historia?

No existe una respuesta objetiva. Los experimentos de Harlow destacan por el sufrimiento animal, Little Albert por inducir miedo en un bebé, Milgram por el estrés causado a los participantes y el Monster Study por utilizar menores institucionalizados en una intervención psicológicamente cuestionable.

¿Qué ocurrió realmente en el experimento de Milgram?

Los participantes creían que administraban descargas eléctricas cada vez más intensas a otra persona siguiendo las instrucciones de un experimentador. Las descargas eran ficticias, pero muchos participantes llegaron hasta el nivel máximo de 450 voltios.

¿El experimento de Stanford fue real?

Sí, pero la interpretación popular ha sido ampliamente cuestionada. Investigaciones posteriores han mostrado problemas metodológicos, instrucciones dadas a algunos guardias y una realidad más compleja que la idea de que los participantes desarrollaron espontáneamente conductas abusivas por asumir un rol.

¿Qué le hicieron al bebé del experimento Little Albert?

Watson y Rayner asociaron repetidamente la presencia de una rata blanca con un sonido fuerte y desagradable. Posteriormente, el niño mostró miedo hacia la rata y algunos estímulos parecidos, lo que fue interpretado como condicionamiento y generalización de una respuesta emocional.

¿Qué experimento demostró la conformidad social?

Los experimentos de Solomon Asch mostraron que una mayoría unánime podía hacer que algunos participantes proporcionaran respuestas evidentemente incorrectas en una tarea de comparación de líneas.

¿Podrían realizarse hoy estos experimentos?

Muchos no podrían realizarse en su forma original debido a las normas actuales sobre consentimiento, protección de participantes, minimización del daño y revisión ética. Algunos pueden estudiarse mediante versiones modificadas que reducen significativamente los riesgos.

Conclusión

Los 12 experimentos psicológicos más perturbadores de la historia muestran tanto la capacidad de la Psicología para revelar aspectos inesperados del comportamiento como los riesgos de investigar sin suficientes límites éticos.

Milgram y Asch mostraron el poder de la autoridad y el consenso social; Harlow y los experimentos de indefensión aprendida aportaron conocimientos importantes a costa de un considerable sufrimiento animal; Little Albert y el Monster Study ejemplificaron problemas especialmente graves cuando los participantes eran menores; y Stanford se convirtió además en una advertencia sobre la necesidad de revisar críticamente incluso los estudios más famosos.

Estos experimentos no deberían recordarse porque fueran escandalosos, sino porque permiten comprender algo fundamental: el conocimiento científico no puede separarse de la responsabilidad que implica la forma en que se obtiene.

Referencias

Jonathan García-Allen

Autor

Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona, cofundador de Psicología y Mente y estratega digital especializado en proyectos de salud mental.

Trayectoria, libros y perfiles verificables

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