Recursos

Diagnóstico diferencial entre autismo y TDAH en la infancia

Autismo y TDAH pueden compartir síntomas durante la infancia. Conoce las principales diferencias, qué aspectos deben evaluarse y por qué ambos diagnósticos pueden coexistir.

Diagnóstico diferencial entre autismo y TDAH en la infancia

El diagnóstico diferencial entre autismo y TDAH en la infancia puede resultar complejo porque ambos son trastornos del neurodesarrollo y pueden compartir manifestaciones como dificultades sociales, problemas para mantener la atención, impulsividad, alteraciones en la regulación emocional o dificultades de adaptación en el colegio.

Además, no siempre se trata de elegir entre un diagnóstico u otro. Un niño puede cumplir criterios de trastorno del espectro autista (TEA) y trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) simultáneamente.

Por eso, el diagnóstico diferencial no debería basarse en un comportamiento aislado como «no presta atención», «interrumpe», «no juega bien con otros niños» o «tiene intereses muy intensos». Es necesario analizar por qué aparece cada comportamiento, desde cuándo está presente, en qué contextos ocurre y con qué otros síntomas se relaciona.

La historia del desarrollo, la observación clínica, la información de la familia y del colegio y el uso de instrumentos apropiados forman parte de una evaluación completa.

¿Por qué pueden confundirse autismo y TDAH?

Autismo y TDAH presentan características diagnósticas diferentes, pero algunas de sus manifestaciones externas pueden parecer similares.

Por ejemplo, un niño con TDAH puede parecer poco interesado en una conversación porque se distrae continuamente. Un niño con autismo también puede participar poco en la conversación, pero el motivo puede estar relacionado con dificultades específicas de reciprocidad social o comunicación.

En ambos casos observamos aparentemente lo mismo: el niño no mantiene adecuadamente la conversación.

Sin embargo, los procesos subyacentes pueden ser distintos.

Algo similar ocurre con:

  • Dificultades para hacer amigos.
  • Problemas para seguir instrucciones.
  • Interrupciones frecuentes.
  • Comportamientos impulsivos.
  • Dificultades escolares.
  • Problemas de regulación emocional.
  • Conductas socialmente inapropiadas.
  • Problemas para adaptarse a determinadas situaciones.

Por eso el diagnóstico diferencial debe centrarse menos en comportamientos aislados y más en el patrón global de funcionamiento del niño.

Diferencia principal entre autismo y TDAH

De forma simplificada, las características nucleares de ambos trastornos se encuentran en áreas diferentes.

En el autismo

El diagnóstico requiere valorar alteraciones persistentes relacionadas con:

  • Comunicación e interacción social.
  • Reciprocidad socioemocional.
  • Comunicación no verbal utilizada durante la interacción.
  • Desarrollo y comprensión de relaciones.
  • Patrones restrictivos o repetitivos de comportamiento, intereses o actividades.

También pueden aparecer necesidad de rutinas, intereses muy intensos, movimientos repetitivos o particularidades en el procesamiento sensorial.

En el TDAH

Las características centrales se encuentran en patrones persistentes de:

  • Inatención.
  • Hiperactividad.
  • Impulsividad.

El diagnóstico requiere además comprobar que los síntomas producen una interferencia significativa y aparecen en más de un contexto relevante.

La diferencia parece clara sobre el papel, pero en la práctica los efectos secundarios de estos síntomas pueden solaparse considerablemente.

1. Analizar la calidad de la interacción social

Uno de los aspectos más importantes en el diagnóstico diferencial es estudiar cómo se relaciona el niño, no simplemente si tiene dificultades sociales.

Un niño con TDAH puede tener problemas con otros niños porque:

  • Interrumpe constantemente.
  • No espera su turno.
  • Se distrae durante los juegos.
  • Reacciona impulsivamente.
  • Habla excesivamente.
  • Cambia continuamente de actividad.

Puede comprender las reglas sociales, pero tener dificultades para aplicarlas consistentemente debido a la impulsividad o la falta de atención.

En el autismo, las dificultades pueden afectar más directamente a aspectos de la comunicación social como:

  • Comprender determinadas señales sociales.
  • Ajustar la comunicación al contexto.
  • Mantener intercambios recíprocos.
  • Interpretar gestos o expresiones.
  • Compartir intereses de manera socialmente recíproca.
  • Adaptarse a diferentes tipos de relaciones.

La pregunta no debería ser únicamente «¿tiene amigos?», sino qué ocurre exactamente durante sus interacciones.

2. Observar por qué parece no escuchar

La frase «parece que no escucha» puede aparecer en ambos trastornos.

En el TDAH puede relacionarse directamente con dificultades para mantener la atención.

Por ejemplo, el niño comienza a escuchar una instrucción pero rápidamente dirige la atención hacia otro estímulo.

En un niño con autismo pueden existir otras explicaciones, como:

  • Estar intensamente concentrado en un interés concreto.
  • Tener dificultades para interpretar determinadas demandas comunicativas.
  • Procesar la información verbal de manera diferente.
  • Sentirse sobrecargado por el entorno.

Además, un niño con autismo también puede presentar TDAH, por lo que una dificultad atencional auténtica puede coexistir con las características autistas.

3. Diferenciar intereses intensos de cambios constantes de interés

Los intereses también pueden aportar información.

En algunos niños con autismo aparecen intereses particularmente intensos, restringidos o persistentes.

El niño puede dedicar una gran cantidad de tiempo a un tema concreto, conocer numerosos detalles y volver repetidamente al mismo contenido.

En el TDAH puede observarse una tendencia diferente:

  • Buscar novedades.
  • Comenzar actividades y abandonarlas.
  • Cambiar rápidamente de interés.
  • Tener dificultades para mantener tareas poco estimulantes.

Sin embargo, tampoco existe una regla absoluta.

Algunas personas con TDAH pueden concentrarse intensamente durante periodos prolongados en actividades que les resultan especialmente motivadoras. Por eso la existencia de una gran concentración en una actividad no demuestra por sí sola la presencia de autismo.

4. Evaluar las conductas repetitivas y la necesidad de rutina

Los patrones restrictivos y repetitivos constituyen un componente fundamental del diagnóstico de autismo.

Puede observarse:

  • Necesidad intensa de determinadas rutinas.
  • Malestar importante ante cambios inesperados.
  • Movimientos repetitivos.
  • Uso repetitivo de objetos.
  • Formas repetitivas de lenguaje.
  • Intereses especialmente restringidos.
  • Necesidad de realizar determinadas actividades de una manera concreta.

En el TDAH, por el contrario, suele ser frecuente encontrar dificultades para mantener rutinas y organizar actividades.

Un niño puede olvidar materiales, perder objetos, empezar una tarea sin terminar la anterior o necesitar numerosos recordatorios.

Esta diferencia puede ser orientativa, pero tampoco debe interpretarse aisladamente.

Un niño con TDAH puede necesitar estructuras muy claras precisamente porque tiene dificultades organizativas, y un niño autista también puede presentar problemas importantes de función ejecutiva.

5. Estudiar la impulsividad

La impulsividad es una característica central en muchas presentaciones del TDAH.

Puede aparecer como:

  • Responder antes de terminar una pregunta.
  • Interrumpir conversaciones.
  • No esperar turnos.
  • Actuar sin valorar consecuencias.
  • Invadir actividades de otros niños.
  • Tomar decisiones precipitadas.

Un niño autista también puede realizar comportamientos que desde fuera parezcan impulsivos.

Pero es importante analizar su función.

Por ejemplo, abandonar repentinamente un lugar puede deberse a una reacción ante una sobrecarga sensorial y no necesariamente a la misma impulsividad característica del TDAH.

Una evaluación detallada intenta determinar qué antecede al comportamiento y qué parece estar provocándolo.

6. Observar la comunicación no verbal

La comunicación no verbal aporta información especialmente relevante cuando existe sospecha de autismo.

El profesional puede observar cómo utiliza e integra el niño:

  • Mirada.
  • Gestos.
  • Expresiones faciales.
  • Postura corporal.
  • Señalamiento.
  • Distancia interpersonal.
  • Comunicación verbal y no verbal simultáneamente.

No debe simplificarse esta evaluación a comprobar si existe o no contacto visual.

Un niño autista puede realizar contacto ocular y un niño con TDAH puede evitar mirar al interlocutor porque está distraído.

Lo importante es analizar la calidad y función de la comunicación social en conjunto.

7. Analizar el lenguaje y la conversación

Tanto el autismo como el TDAH pueden afectar a las conversaciones, pero de formas diferentes.

En el TDAH pueden aparecer:

  • Interrupciones.
  • Cambios rápidos de tema.
  • Respuestas precipitadas.
  • Dificultad para escuchar hasta el final.
  • Exceso de conversación.

En el autismo pueden observarse dificultades relacionadas con:

  • Reciprocidad conversacional.
  • Interpretación de significados implícitos.
  • Ajuste del lenguaje a diferentes contextos.
  • Conversaciones centradas repetidamente en intereses concretos.
  • Comprensión de determinados elementos pragmáticos del lenguaje.

El desarrollo del lenguaje debe analizarse dentro de la historia evolutiva completa del niño.

La interacción con adultos y compañeros también influye de forma importante en el desarrollo de habilidades comunicativas y cognitivas. Puedes ampliar este contexto en nuestro artículo sobre la teoría sociocultural de Vygotsky.

8. Valorar las dificultades sensoriales

Las particularidades sensoriales son frecuentes en el autismo y forman parte de los aspectos que pueden considerarse dentro de los patrones restrictivos y repetitivos.

Puede existir una respuesta especialmente intensa o reducida ante:

  • Sonidos.
  • Luces.
  • Texturas.
  • Olores.
  • Sabores.
  • Temperaturas.
  • Contacto físico.

Un niño puede taparse los oídos ante determinados sonidos, rechazar ciertas prendas o buscar repetidamente experiencias sensoriales concretas.

Los niños con TDAH también pueden presentar dificultades relacionadas con la regulación sensorial, pero una historia consistente de particularidades sensoriales junto con dificultades de comunicación social y patrones repetitivos puede aumentar la relevancia de explorar un posible TEA.

9. Diferenciar problemas sociales secundarios al TDAH

Un error frecuente consiste en interpretar cualquier dificultad social como evidencia de autismo.

El TDAH puede producir problemas importantes en las relaciones entre iguales.

Un niño que:

  • Interrumpe constantemente.
  • No respeta los turnos.
  • Actúa antes de pensar.
  • Pierde con frecuencia las instrucciones del juego.
  • Reacciona emocionalmente de forma intensa.

puede terminar siendo rechazado por otros niños.

Eso no significa necesariamente que exista una alteración primaria de la comunicación social propia del autismo.

El profesional debe comprobar si el niño comprende las claves sociales pero tiene dificultades para regular su conducta, o si existen además dificultades persistentes para interpretar y utilizar esas claves.

10. Valorar la regulación emocional

Tanto niños con autismo como niños con TDAH pueden experimentar reacciones emocionales intensas.

Puede aparecer:

  • Frustración rápida.
  • Enfado.
  • Llanto.
  • Dificultad para recuperar la calma.
  • Respuestas aparentemente desproporcionadas.

Pero de nuevo hay que estudiar qué provoca esas reacciones.

En el TDAH pueden relacionarse con impulsividad, frustración, dificultades inhibitorias o problemas para esperar recompensas.

En el autismo pueden relacionarse, entre otros factores, con cambios inesperados, dificultades comunicativas, sobrecarga sensorial o ruptura de rutinas.

Comprender y diferenciar estados emocionales también resulta importante durante la evaluación. En nuestra guía sobre tipos de emociones explicamos distintas formas de organizar e identificar la experiencia emocional.

11. Revisar la historia del desarrollo

El diagnóstico diferencial no debería comenzar únicamente con lo que ocurre actualmente.

Es fundamental reconstruir el desarrollo temprano del niño.

Puede explorarse:

  • Desarrollo del lenguaje.
  • Juego.
  • Interacción social temprana.
  • Uso de gestos.
  • Respuesta al nombre.
  • Intereses.
  • Conductas repetitivas.
  • Adaptación a los cambios.
  • Desarrollo motor.
  • Aparición de síntomas atencionales.
  • Funcionamiento en guardería o colegio.

Los criterios diagnósticos de los trastornos del neurodesarrollo tienen una dimensión evolutiva, por lo que la información retrospectiva de padres o cuidadores puede ser especialmente importante.

12. Comparar el comportamiento en diferentes contextos

Para evaluar adecuadamente un posible TDAH es especialmente importante obtener información de más de un contexto.

Por ejemplo:

  • Casa.
  • Colegio.
  • Actividades extraescolares.
  • Relaciones sociales.

Un niño puede parecer extremadamente inquieto en casa pero funcionar adecuadamente en el colegio, o viceversa.

Estas diferencias pueden proporcionar pistas importantes.

También en la evaluación del autismo interesa observar cómo varía el comportamiento según:

  • Familiaridad con las personas.
  • Nivel de estructura.
  • Demandas sociales.
  • Estimulación sensorial.
  • Tipo de actividad.

No todos los síntomas se manifiestan con la misma intensidad en todos los ambientes.

13. Obtener información del colegio

Los profesores pueden aportar información que la familia no tiene oportunidad de observar.

Por ejemplo:

  • Cómo mantiene la atención durante una clase.
  • Cómo sigue instrucciones colectivas.
  • Cómo se relaciona durante el recreo.
  • Cómo reacciona cuando pierde un juego.
  • Cómo organiza sus materiales.
  • Cómo afronta cambios de actividad.
  • Cómo participa en trabajos en grupo.

No debería utilizarse la opinión del profesor como diagnóstico, pero sí como una fuente importante de información contextual.

Los registros de observación y otros procedimientos estructurados pueden ayudar a organizar esta información. Puedes consultar nuestra guía sobre instrumentos de evaluación educativa para conocer diferentes formas de recoger datos dentro del entorno escolar.

14. No basar el diagnóstico en un único test

No existe un único cuestionario que permita resolver automáticamente el diagnóstico diferencial entre autismo y TDAH.

Los instrumentos de cribado o escalas de síntomas pueden aportar información, pero deben interpretarse dentro de una evaluación completa.

En función de la edad y del caso, el proceso puede incluir:

  • Entrevistas con padres o cuidadores.
  • Historia del desarrollo.
  • Observación clínica.
  • Información escolar.
  • Escalas de TDAH.
  • Instrumentos específicos para evaluar características relacionadas con autismo.
  • Evaluación cognitiva cuando esté indicada.
  • Evaluación del lenguaje.
  • Valoración del aprendizaje.
  • Exploración de otros problemas emocionales o conductuales.

Los CDC señalan igualmente que ninguna herramienta aislada debería utilizarse como única base para diagnosticar autismo.

15. Considerar otras explicaciones

El diagnóstico diferencial no termina comparando TEA y TDAH.

Existen otros problemas capaces de producir síntomas parecidos.

Entre ellos pueden encontrarse:

  • Trastornos del lenguaje.
  • Discapacidad intelectual.
  • Dificultades específicas de aprendizaje.
  • Ansiedad.
  • Problemas del estado de ánimo.
  • Trastornos del sueño.
  • Problemas auditivos.
  • Trastorno del desarrollo de la coordinación.
  • Problemas conductuales.
  • Experiencias adversas o estrés significativo.

Por ejemplo, un niño que duerme muy mal puede presentar durante el día inatención, irritabilidad y dificultades académicas.

Por eso una evaluación rigurosa debe evitar la lógica de «si no es autismo, entonces es TDAH».

¿Puede un niño tener autismo y TDAH a la vez?

Sí.

Actualmente TEA y TDAH pueden diagnosticarse conjuntamente cuando se cumplen los criterios correspondientes a ambos trastornos.

Este punto es especialmente importante porque durante años existieron restricciones diagnósticas que favorecieron la idea de que ambos diagnósticos eran mutuamente excluyentes.

Hoy se reconoce que pueden coexistir.

Por eso, cuando un niño con autismo presenta una inatención, hiperactividad o impulsividad considerable, no debería asumirse automáticamente que todo forma parte del autismo.

También debe valorarse la posibilidad de TDAH.

Del mismo modo, un diagnóstico previo de TDAH no debería impedir explorar un posible autismo si existen dificultades persistentes de comunicación social y patrones restrictivos o repetitivos que no quedan suficientemente explicados por el TDAH.

Un diagnóstico de TDAH puede preceder al diagnóstico de autismo

En algunos niños las dificultades de atención o hiperactividad resultan muy visibles durante los primeros años escolares y motivan inicialmente una evaluación de TDAH.

Posteriormente pueden hacerse más evidentes dificultades relacionadas con:

  • Comunicación social.
  • Relaciones con iguales.
  • Rigidez.
  • Intereses restringidos.
  • Conductas repetitivas.

La American Academy of Pediatrics advierte de que algunos niños que posteriormente reciben un diagnóstico de autismo fueron inicialmente identificados como niños con TDAH.

Esto no significa necesariamente que el primer diagnóstico fuera siempre incorrecto: ambos trastornos pueden coexistir.

La cuestión es comprobar si el TDAH explica suficientemente el patrón completo de desarrollo y comportamiento.

Señales que orientan más hacia TDAH

Sin utilizar ninguna característica como prueba definitiva, un patrón puede orientar especialmente hacia TDAH cuando predominan:

  • Inatención persistente.
  • Distracción frecuente.
  • Dificultad para terminar actividades.
  • Pérdida constante de objetos.
  • Problemas de organización.
  • Hiperactividad.
  • Interrupciones.
  • Dificultad para esperar turnos.
  • Impulsividad en diferentes contextos.

Las dificultades sociales pueden aparecer principalmente como consecuencia de estos comportamientos.

Señales que orientan más hacia autismo

Puede ser especialmente importante explorar TEA cuando aparecen conjuntamente:

  • Dificultades persistentes de reciprocidad social.
  • Particularidades en la comunicación no verbal.
  • Dificultades para desarrollar o comprender relaciones.
  • Intereses restringidos o especialmente intensos.
  • Conductas repetitivas.
  • Necesidad marcada de rutina o predictibilidad.
  • Malestar importante ante determinados cambios.
  • Particularidades sensoriales significativas.

Ninguna de estas características aislada permite establecer el diagnóstico.

Qué ocurre cuando un niño presenta buena atención en sus temas favoritos

A veces se descarta incorrectamente el TDAH porque un niño puede pasar mucho tiempo concentrado en videojuegos, construcciones o cualquier otra actividad que le interesa.

El TDAH no implica incapacidad absoluta para prestar atención.

Las dificultades pueden variar considerablemente según:

  • Motivación.
  • Novedad.
  • Recompensa inmediata.
  • Nivel de estimulación.
  • Tipo de tarea.

Por otro lado, en el autismo puede existir una dedicación especialmente intensa a determinados intereses restringidos.

La mera existencia de periodos de concentración intensa, por tanto, no permite diferenciar automáticamente ambos trastornos.

Importancia de evaluar el funcionamiento, no solo los síntomas

El diagnóstico no debería convertirse en una lista mecánica de comportamientos.

También es necesario comprender qué impacto tienen sobre:

  • Aprendizaje.
  • Autonomía.
  • Relaciones familiares.
  • Amistades.
  • Participación escolar.
  • Actividades cotidianas.
  • Bienestar emocional.

Dos niños con síntomas aparentemente similares pueden necesitar apoyos completamente diferentes.

La evaluación debería contribuir no solo a decidir qué diagnóstico encaja mejor, sino también a construir un perfil de fortalezas y necesidades del niño.

Errores frecuentes en el diagnóstico diferencial entre autismo y TDAH

Pensar que un niño sociable no puede ser autista

El autismo no equivale necesariamente a ausencia de interés por otras personas. Algunos niños buscan activamente interacción social pero presentan dificultades en la forma de desarrollar o mantener esas interacciones.

Pensar que el contacto visual descarta autismo

La evaluación de la comunicación social es mucho más amplia que comprobar si el niño mira o no a los ojos.

Confundir cualquier hiperactividad con TDAH

La inquietud puede aparecer por múltiples razones, incluyendo ansiedad, problemas de sueño, sobrecarga o determinadas características del desarrollo.

Confundir cualquier dificultad social con autismo

La impulsividad y la inatención propias del TDAH pueden generar problemas sociales considerables.

Interpretar un test como diagnóstico definitivo

Los cuestionarios proporcionan información, pero no sustituyen una evaluación clínica completa.

Pensar que hay que escoger entre uno y otro

TEA y TDAH pueden coexistir.

Ignorar el desarrollo temprano

La historia evolutiva resulta fundamental para interpretar los síntomas actuales.

Cómo debería realizarse la evaluación

Aunque el procedimiento puede variar según el caso, una evaluación completa suele necesitar varias fuentes de información.

1. Motivo de consulta

Se identifica qué preocupa a familia, profesores o profesionales.

2. Historia del desarrollo

Se revisan hitos, lenguaje, comunicación social, juego, comportamiento y evolución de los síntomas.

3. Información de varios contextos

Especialmente casa y colegio.

4. Observación clínica

Permite analizar directamente diferentes aspectos del comportamiento y la interacción.

5. Instrumentos estandarizados

Pueden utilizarse herramientas apropiadas para explorar síntomas de TDAH, características autistas, desarrollo, aprendizaje u otras áreas relevantes.

6. Diagnóstico diferencial

Se estudian explicaciones alternativas y trastornos coexistentes.

7. Perfil de necesidades

La evaluación debería concluir no solo con una etiqueta, sino con información que permita orientar apoyos e intervención.

Cuándo consultar a un profesional

Puede ser recomendable solicitar una valoración cuando las dificultades de atención, comunicación, comportamiento o relaciones:

  • Son persistentes.
  • Aparecen desde etapas tempranas.
  • Interfieren significativamente en el colegio.
  • Generan conflictos sociales frecuentes.
  • Afectan a la autonomía.
  • Son claramente diferentes de lo esperado para la edad.
  • Aparecen en varios contextos.
  • Preocupan de manera consistente a familia o profesores.

La evaluación temprana puede ayudar a identificar necesidades y proporcionar apoyos adecuados independientemente del diagnóstico final.

Preguntas frecuentes

¿Cómo diferenciar autismo y TDAH en un niño?

El TDAH se caracteriza principalmente por inatención, hiperactividad y/o impulsividad, mientras que el autismo implica dificultades persistentes de comunicación e interacción social junto con patrones restrictivos o repetitivos de comportamiento o intereses. Sin embargo, existen síntomas compartidos y ambos trastornos pueden coexistir, por lo que el diagnóstico requiere una evaluación completa.

¿Puede el TDAH parecer autismo?

Sí. La impulsividad, la distracción y las dificultades para esperar turnos pueden generar problemas sociales que desde fuera pueden parecer características autistas. Es necesario analizar si existen además alteraciones específicas y persistentes de comunicación social y patrones restrictivos o repetitivos.

¿Puede el autismo parecer TDAH?

Sí. Los niños autistas pueden mostrar inatención, hiperactividad o comportamientos aparentemente impulsivos. También puede existir un verdadero TDAH conjuntamente con el autismo.

¿Un niño puede tener autismo y TDAH al mismo tiempo?

Sí. Actualmente ambos diagnósticos pueden establecerse conjuntamente cuando el niño cumple los criterios correspondientes a los dos trastornos.

¿Existe un test que diferencie automáticamente autismo y TDAH?

No. Existen instrumentos que ayudan a evaluar características de ambos trastornos, pero ninguna prueba aislada debería utilizarse para resolver el diagnóstico. Es necesario integrar historia del desarrollo, observación, entrevistas, información escolar y pruebas apropiadas.

¿La falta de contacto visual significa que un niño tiene autismo?

No. El contacto visual es solamente un aspecto de la comunicación no verbal y puede variar por numerosas razones. El diagnóstico de autismo requiere evaluar un patrón mucho más amplio de comunicación social y comportamientos restrictivos o repetitivos.

¿Cuándo conviene evaluar a un niño por posible autismo o TDAH?

Cuando las dificultades de atención, comportamiento, comunicación o interacción social son persistentes y afectan significativamente al aprendizaje, las relaciones, la autonomía o la vida cotidiana, es recomendable solicitar una valoración profesional.

Conclusión

El diagnóstico diferencial entre autismo y TDAH en la infancia requiere analizar mucho más que una lista de síntomas visibles.

Un niño puede parecer distraído porque presenta dificultades atencionales propias del TDAH, porque está intensamente centrado en un interés relacionado con el autismo o porque ambas condiciones están presentes simultáneamente. Del mismo modo, los problemas sociales pueden surgir por impulsividad o por dificultades específicas de comunicación social.

Las diferencias más útiles aparecen al estudiar la calidad de la interacción social, los patrones repetitivos, los intereses, la necesidad de rutina, la impulsividad, la atención, la comunicación no verbal y la historia completa del desarrollo.

También es fundamental recordar que TEA y TDAH no son diagnósticos mutuamente excluyentes. Cuando existen características relevantes de ambos, deben evaluarse ambos trastornos en lugar de intentar encajar necesariamente al niño en una única categoría.

Una evaluación rigurosa combina información de la familia, colegio, observación clínica e instrumentos apropiados, además de valorar otros posibles diagnósticos y condiciones coexistentes. El objetivo final no debería ser únicamente asignar una etiqueta, sino comprender el perfil del niño y determinar qué apoyos necesita.

Referencias

Jonathan García-Allen

Autor

Graduado en Psicología por la Universitat de Barcelona, cofundador de Psicología y Mente y estratega digital especializado en proyectos de salud mental.

Trayectoria, libros y perfiles verificables

Revisión profesional

Javier Ares Arranz

Psicólogo General Sanitario · colegiado M-31669.

¿Te ayudo a aplicarlo en tu consulta?

Si quieres que esto deje de ser teoría y se convierta en una presencia digital que capta pacientes, hablemos.

Contactar